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“Ya no estás en edad…”

Hace unas semanas fue el cumpleaños de mi hija mayor y vino mi madre de visita. Vivimos en países distintos, así que alojó en mi casa.

Contándome sobre mi familia en Chile, de repente comenzamos a hablar sobre mis sobrinas adolescentes y -a propósito de eso- me explicó cómo se maquillaban. Sin pensarlo mucho le dije que no me gustaba ese estilo, a lo que ella me respondió “es que tú ya no estás en edad”.

Inmediatamente, vino a mi cabeza las interrogantes “¿En edad de qué? ¿Qué tienen que ver mis gustos en maquillaje con la edad?”.

 



La edad y sus normas que nos atan

 

Me hizo pensar en los comportamientos que socialmente se espera que tengamos según nuestra edad, vale decir, en las llamadas “normas de la edad”. Estas expectativas que nos dicen qué debemos hacer en las diferentes edades, teniendo como efecto, la adaptación de nuestras conductas y estilos de vida a dichas expectativas. Lo explico con un ejemplo: se espera que las personas seamos más “rebeldes” en la etapa de la adolescencia y que trabajemos remuneradamente para “independicemos” de nuestras familias en la etapa de la adultez. En este sentido, mi madre consideraba que era entendible que no me gustara el estilo de maquillaje de mis sobrinas, porque cumplía con lo que se esperaba de mí y de mi edad, ya que yo soy una mujer adulta y no una adolescente.

 

Edadismo

 

Una consecuencia de las expectativas que se tienen respecto de la edad, es que estas expectativas pueden dar pie al “edadismo”, que son prejuicios y discriminaciones que reciben l@s adult@s mayores, por el solo hecho de serlo. Un ejemplo de edadismo: en Estados Unidos en 2008, el comentarista político Rush Limbaugh expuso la  edad y género de Hillary Clinton como argumento contra su candidatura, planteando: “¿pero, de verdad alguien quiere, día tras día, ver envejecer en directo a una mujer?”. Otro ejemplo: recientemente en España la Diputada conservadora Cayetana Álvarez de Toledo planteaba que la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, era una “abuelita entrañable” que hacía una “política senil”, por sus 75 años de edad.

 

¿Existe una sóla forma válida de envejecer?

 

A raíz de todo esto me pregunté, “¿qué pasa cuando una mujer u hombre mayor realiza algo que no se espera que haga a su edad?” Pensé que, habitualmente, la acción es resaltada al punto que se vuelve viral en Internet y se erige como ejemplo de envejecimiento exitoso, desde la excepcionalidad. Planteando así, que no existe un límite de edad para hacer cosas. Un ejemplo de esto, es el video que circula en Facebook de un hombre de 83 años mostrando posturas de yoga, sin ninguna dificultad.

El problema es que, al resaltar conductas que no cumplen con las expectativas asociadas a la vejez, las destacamos como una excepción, fortaleciendo los prejuicios vinculados a l@s adult@s mayores. Así, muchas veces –intentando superar el edadismo- caemos, sin intención, en pensamientos edadistas, justificándolo en lo destacable de una acción, sin considerar las historias biográficas y culturales que hay detrás de cada persona, pensando que todas las personas envejecen igual o viven su vejez de la misma manera.

 

Vejeces, sí, en plural

 

Por lo tanto, no podemos pensar en una sola vejez, más bien deberíamos pensar en vejeces como formas diferentes de vivir, comprendiéndolas y difundiéndolas, primeramente, en sus contextos socioculturales particulares.

En ellos, se pueden interrelacionar distintos factores que pueden hacer más compleja una situación, tales como el género, la etnia, y/o la clase social. Por ejemplo, que las mujeres mayores tengan menores pensiones que los hombres, o que el envejecimiento femenino sea más castigado que el masculino -como vimos en el ejemplo acerca de Hillary Clinton-, da cuenta que la discriminación por edad (edadismo), se interrelaciona con la discriminación por género.

Esto nos muestra que el edadismo no opera solo, sino que siempre va en compañía de otros factores que pueden acentuarlo o atenuarlo.

De esta forma, la frase “ya no estás en edad”, que mi madre me había dicho, fue una forma edadista de comprender mi opinión, pero de la que se pueden desprender muchas necesarias reflexiones en torno al tema.

Estas nuevas ideas acerca de las vejeces, serán los ejes que orientarán las siguientes columnas de esta serie: “Algunas reflexiones en torno a la vejez”. No te pierdas la siguiente entrega.

Gerontóloga feminista interseccional. focoSocial http://www.focosocial.org

Comentarios (4)

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    Rosa María

    Excelente artículo. Desafortunadamente, en casi todas las culturas tienen el mismo concepto de vejez. Lo que no se toma en cuenta que el envejecimiento ha cambiado y que el llegar a cierta edad, no implica tener que estar postrado en una silla de ruedas o en una cama. De nosotros depende el ir erradicando los estereotipos culturales en relación a la vejez. Saludos desde México.

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  • Constanza Gómez Rubio

    Constanza Gómez Rubio

    Muchas gracias Rosa María. Seguiremos reflexionando sobre el tema en la continuación de esta columna. Un gran abrazo

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    Raúl Santíz Téllez

    Debido a este artículo ahora incorporo un nuevo vocablo a mi batería sobre las personas mayores: el “edadismo”, que me parece acertado. Me ha llevado a otra reflexión. Es muy cierto que los estereotipos (que se basan en los hechos que, por lo general, ocurren) testifican que a determinada edad se espera que cumplamos determinadas acciones. Y cuando “eso” supera lo que debería ser “a esa edad”, se destaca. Para bien, o para mal. Por ejemplo, en Cuba un niño de 4 años aprendió ajedrez viendo jugar a su padre. A los 5 años jugaba en el Club de Ajedrez de La Habana. ¿Se espera eso de un niño? Por supuesto que “hace noticia”. O como se dice ahora, se viraliza y pasa a ser “trending topic”. A los 13 años ese niño fue campeón de Cuba. Le llamaban “el Mozart del ajedrez”; o “la máquina del ajedrez”. ¿Su nombre? José Raúl Capablanca. Este caso obedece también al “edadismo”. Creo yo.

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  • Constanza Gómez Rubio

    Constanza Gómez Rubio

    Muchas gracias Raúl. El edadismo, si bien comienza siendo un concepto para pensar la discriminación en la vejez (acuñado por Robert Butler en 1969, como ageism), actualmente también se ha utilizado para pensar la discriminación y los estereotipos en otras edades, como la niñez y la adolescencia. ¡Gracias por el buen aporte!.

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