Valorando el saber de las mujeres mayores: apuntes desde la gerontología feminista

Hay ciertos conocimientos que abundan en todas partes. La tecnología y la digitalización han facilitado su producción y acceso. Hay otros, que pese a estos avances siguen siendo escasos, pero no por ello inexistentes. Tal es el caso de los saberes de las mujeres mayores y las vejeces femeninas. Estos conocimientos suelen encontrarse en las historias orales, siendo transmitidos a través de las generaciones, desde nuestras abuelas a nuestras madres, y si nosotras mismas lo somos, a nuestras hijas. También esta transmisión puede ser de mujeres mayores a mujeres jóvenes, sin necesidad de que exista una relación de parentesco de por medio. Lo cierto, es que esto ha existido y existe, a veces de forma discreta y rutinaria en nuestras vidas.



No obstante, hay otras formas de transmisión de saberes, como las del conocimiento profesional y académico, en las que las mujeres mayores nos han mostrado a las más jóvenes, modelos por los cuales podemos andar más seguras en un camino lleno de desniveles y desigualdades. Así, el estudio y trabajo sobre vejeces femeninas y mujeres mayores, apelando a la búsqueda de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres- se ha denominado gerontología feminista, y en ella participan mujeres de todas las edades.

Es cierto que cuando se habla de vejez, no suele hacerse desde las experiencias y saberes de las mujeres, pero no podemos pensar ni decir que nada existe, siendo nuestro desafío el poder rastrear aquellas pistas que otras mujeres han ido dejando en el camino, y que nos permiten pensar hoy en diferentes vejeces, y en los conocimientos que día a día las mujeres llevan a cabo desde sus hogares y comunidades, es decir en una sabiduría en cada familia y cada territorio.



Por lo anterior, sentimos que uno de los errores recurrentes en los que podemos caer las mujeres más jóvenes que trabajamos con mujeres mayores y que investigamos sobre la vejez femenina, es el omitir e invisibilizar el trabajo y esfuerzo que otras mujeres han realizado antes que nosotras. Estos saberes nos han permitido a las más jóvenes, fortalecer y guiar el camino que hoy transitamos. Por esto, no podemos hacer con nosotras mismas lo que tradicionalmente se nos ha hecho, relegar e infravalorar nuestros trabajos como mujeres y nuestros aportes en distintas áreas de la vida.

De esta forma, es necesario reconocer que la gerontología feminista, como perspectiva, nos aporta indudablemente a la comprensión de las mujeres mayores. En su esencia, se encuentra la valoración por el rescate de los saberes colectivos y ancestrales, que circulan entre las mujeres de todas las edades, y de todos los territorios, y que nos permiten reconocernos, admirando a aquellas que vinieron antes de nosotras. Asimismo, nos permite comprender que las mujeres mayores pueden ser muy diversas y que se ven afectadas por factores como la edad, el género o el nivel socioeconómico, por mencionar solo algunos.



Finalmente, el saber de las mujeres mayores es un tesoro que debemos respetar para ser capaces de aprender y nutrirnos de él. Quién mejor que ellas pueden explicarnos la vida y sus paradojas, las desigualdades históricamente vividas, las luchas que han dado por alcanzar derechos por siglos negados, entre muchos otros. Escuchémoslas, leámoslas, busquémoslas, investiguémoslas, visibilicémoslas, reconozcámoslas y aprendamos de ellas, sólo desde ahí podremos comenzar a hacer una gerontología feminista comprensiva.

Dra. Constanza Gómez-Rubio
Dra. © Nicole Mazzucchelli

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Constanza Gómez Rubio

Constanza Gómez Rubio

Gerontóloga feminista interseccional. focoSocial http://www.focosocial.org

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