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Un bello país llamada Escuela: relato de una profesora infatigable

Mi nombre es Graciela Cancino, soy bloguera de esta revista digital y profesora básica de profesión, aún en ejercicio.
Mi camino en la educación comenzó hace 50 años cuando ingresé a la escuela básica y conocí ese “país” llamado colegio, en donde había tantas cosas interesantes que hacer, con tantas actividades. Había grupos de baile, grupos de folclore, de poesía, gimnasia, literatura, cocina, con actos por cualquiera efeméride, en los cuales tú participabas e iba a verte tu apoderado.
Para mí era un lugar muy especial, donde a mujeres como yo nos hablaban sin las restricciones que imponía la política contingente; la vida de las mujeres y la pobreza. Era como un “país” fuera de la república, en donde opinábamos y se nos escuchaba.
Entonces me enamoré de la pedagogía porque me di cuenta que esas mujeres eran una influencia directa en nuestras mentes y, por ende, en nuestras vidas.



Al llegar a la adultez me propuse estudiar pedagogía y entré a la UPLA, donde recibí las enseñanzas para comenzar este nuevo camino. Logré recibirme y comenzar a trabajar en colegios vulnerables donde más me encanté con esta profesión maravillosa que es la enseñanza, la cual entrega conocimientos, pero también moldea personitas que vemos cada día, que sabemos sus nombres, sus alegrías, sus carencias y sus penas.
Cada día que pasa en mi vida me impresiona más y más la transparencia de los niños y cómo yo soy incluida en sus vidas, como un familiar más a la que le pueden contar muchas cosas y a los que yo puedo darles una opinión o un consejo. Ellos me lo retribuyen con un “te quiero Miss” que llega hasta el fondo de mi corazón.
Hace pocos días atrás me dice la inspectora del colegio “la buscan, lo hice pasar a su oficina”, esto pasa porque hoy en día estoy en un cargo directivo y por las mañanas me gusta dar una vuelta por todos los cursos para ver cómo vienen los niños a clases, cuál es su aspecto interno, y para ver que desayunen, ya que mi colegio es vulnerable y así me aseguro que reciban el primer alimento de la mañana.

Al llegar a mi oficina me encuentro con un señor muy arreglado que se pone de pie cuando entro, le saludo y su sonrisa me recordó a un alumno de muchos años que tuve cuando trabajé en el Refugio de Cristo. Me pregunta “¿se acuerda de mí?” A lo que le dije no, pero su sonrisa me es familiar “Yo fui alumno suyo en el Refugio de Cristo, y vengo a invitarla a mi defensoría de tesis, porque estudié leyes y quiero que Ud. me acompañe ya que siempre me enseñó que todo lo que yo quisiera podía lograrlo con perseverancia y me habló de los metodistas y su régimen de estudio. Esto logró Ud. con sus enseñanzas.”



Dígame, al conocer esta experiencia de vida, si no es maravillosa la pedagogía. Cada día de mi vida agradezco a Dios haber estudiado esta carrera y poder estar con los niños de hoy, enamorados de la tecnología, y los de antes, que anhelaban solo jugar. Todos son niños a los cuales, al enseñarles a leer, les abres la puerta a un nuevo mundo de fantasía y conocimiento. Con ese rudimentario conocimiento, caminan por la vida aprendiendo cosas nuevas, desarrollándose y creciendo hasta llegar a ser personas de bien y servir a nuestra sociedad.
En los actos cívicos del día lunes les digo a mis niños “En este colegio estudian los futuros médicos, profesores, gimnastas, matronas, presidentes de la república que guiarán a este país al desarrollo.” Porque esas son mis expectativas.
Es por todo esto que no me he jubilado, porque me gusta lo que hago y sin los abrazos y esas vocecitas bellas, mi corazón se muere y se seca. Creo que aún me queda mucho que aportar a nuestros niños y aún me queda mucho que aprender de ellos, pero, sobre todo, recibir ese amor que regalan con generosidad.
Siempre he pensado que Dios me habla a través de los niños.

Soy mujer, madre, abuela y profesional en ejercicio aún. Agradecida de la vida por todo lo que me ha dado. Mis expectativas son envejecer en buena forma, ser útil a la sociedad y contribuir a la formación valórica y cognitiva de los jóvenes y niños, retribuyendo así todo el amor que ellos me entregan.  

Comentarios (1)

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    Laura Gajardo

    Felicitaciones Graciela, porque tu entrega a la enseñanza básica de tantos niños en condiciones vulnerables es el pilar del comienzo en la vida de un niño y cuando el maestro trabaja por vocación no hay mayor satisfacción que la cosecha de esa semilla que un día plantó.

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