Carta a mi hijo, que no envié. Vivencias en un Chile que despierta en octubre

Pensé, mientras estaba encerrado a las 06:00 de la tarde, cuando el militar fuera de mi casa gritó “Dentre rapidito no más iñor”… “¿No lo subas a las redes?”, ¡que no suban mis miedos!, mis recuerdos, mis aprensiones, mi pesar. Que mi vejez no es apta para estos tiempos, cuidado físico, mi cuerpo puesto en la cárcel por clamar por una vejez digna… ¿o es que por “viejito” no piensa bien y que debo ser orientado, guiado?