fbpx
TOP

Relatos #metoo: mujeres de todas las edades unidas contra el abuso machista

Misógeno es el hombre que nos odia. Ese que nos violenta en todos los grados posibles, porque se cree con el derecho a hacerlo.

Todos los días y desde tiempo inmemoriales, las mujeres han vivido diversas formas de violencia por parte de su entorno masculino, las cuales van desde el control hasta la agresión física, pasando por el acoso y abuso sexual. 



Me too

 

Si bien a partir del movimiento #metoo, muchas de nosotras nos estamos atreviendo a hablar de las veces que hemos sido violentadas por hombres, la sociedad chilena aún tiene la tendencia de seguir adjudicando a las víctimas alguna responsabilidad por lo que les pasó: “algo habrán hecho para que le pasara eso”.

La violencia hacia la mujer no es un problema de mujeres adultas, lamentablemente se presenta en todo nuestro ciclo vital, desde la infancia hasta la adultez mayor, dejando -en menor o mayor grado- dañada nuestra biografía para siempre. 

Lo “positivo” es que, al ser un fenómeno tan generalizado y tan presente en toda la historia de la humanidad, gracias a las redes sociales hoy ha explotado comunicacionalmente generando como consecuencia un enorme movimiento de solidaridad entre mujeres de distintas generaciones, quienes -desgraciadamente- tienen en común haber vivido este maltrato. 

A continuación Pensar Sin Edad presenta 4 relatos anónimos de mujeres chilenas de distintas edades, que hoy dicen #metoo y piden un cambio para que en el futuro todas podamos vivir sin temor a ser violentadas por nuestro género:

 

Historia 1

 

Pensé mucho, antes de escribir estas líneas. Para mí ha sido una  experiencia muy significativa y dolorosa por conocer, en el caminar de vida como mujer y madre de una bella hija.
Trabajando como profesional en el área de la educación en un barrio de la zona poniente de Santiago, tuve la oportunidad de dar trabajo doméstico a una madre de varios hijos, que trabajaba incansablemente para brindarle a sus hijos, comida y abrigo.

Cuando conversábamos, muchas fueron las ocasiones en que esta bella y joven mujer tapó su boca y especial, sus labios. Hablábamos de cosas que todas las mujeres de nuestra edad hacían: de los hijos, de las cosas que nos gustaban, de recetas de cocina, de nuestros vínculos conyugales etc.

Cada minuto que pasaba yo la observaba, mientras ella llevaba su mano a su boca, con una postura de mucha vergüenza y tristeza. No me atrevía a preguntarle lo que sospechaba: “¿será que ella no tiene dientes o carece de muchas piezas dentales?”

Un día, con mucha tristeza, le escuché decir algo que me impactó enormemente, más aún de una bella mujer de piel blanca, cabellos negros y hermosos ojos azules.

Ella verbaliza, con mucha pena, que su marido le había “volado” casi todos sus dientes. Quedé paralizada, de pies a cabeza. Le pregunté: “¡¿pero cómo!?”.

Ella respondió: “cada vez que llega a casa de mal humor y en otras oportunidades también”.

Mi cabeza comenzó a dar mil vueltas. Le pregunté por qué había dejado pasar tanto tiempo, para que todo esto llegara a suceder en tantas ocasiones. Sus bellos ojos se llenaron de lágrimas. “Mucho miedo”, ella respondió. También me reconoció que siempre que esto sucedía, él volvía para pedirle perdón para nuevamente iniciar un ciclo vicioso de aceptación.

Hoy le digo a las jóvenes que no demoren en hacer algo para detener el círculo de la violencia, que el tiempo intensifica el daño y ustedes pueden tener un futuro.

Por medio de esta simple y triste experiencia que pude conocer, hago un llamado a todas las mujeres que se encuentra en esta horrorosa realidad: recuperen el amor a sí mismas y no consientan la anulación de su yo personal.

Me pregunto por qué el Estado no simplifica todos los procesos de la denuncia de estas terribles violencias de género. Hay datos estadísticos que afirman que una mujer agredida demora 7 años en denunciar estas monstruosas situaciones que afectan a muchas familias en nuestro país.
 

Historia 2

 

El acoso sexual  -directa o indirectamente- ha existido siempre, pero hoy es un problema que han logrado destapar las mujeres jóvenes con la capacidad y coraje de denunciarlo, hablarlo y cuestionarlo. Ayer, no teníamos esta libertad colectiva.

El acoso sexual no solo es físico, sino que psicológico, nos paraliza por el miedo, por la vergüenza, la culpabilidad  y  porque es un abuso de poder.

Esta apertura de conciencia en la mujer es contagiosa en nosotras las mujeres mayores y, si bien es cierto que lo que mayoritariamente se ha mostrado en los medios es lo que les ha sucedido a las mujeres jóvenes famosas, si le pregunto a cualquier mujer si alguna vez ha sufrido alguna situación de acoso, lo más probable es que me diga que sí. 

Pues, no siendo famosa puedo contarles que yo también lo viví en mi adolescencia, lo que significó ir guardando señales equivocadas sobre la sexualidad, sin entender el complejo significado que esto estaba tejiendo en mi vida de joven adulta.

Viajando al liceo en una micro copada de pasajeros, se subía frecuentemente un hombre de unos 40 años. Yo me sentaba donde podía, por lo que en más de una ocasión me tocó quedar en el pasillo y siempre que lo hacía él elegía ir hasta donde yo estaba para comenzar a frotar su pene contra mi brazo.

Me bloqueaba y ‘roja como un tomate’ no atinaba a decirle algo o salir de allí. Es tan patente y claro este recuerdo, que incluso no olvido su fisonomía… Espero salir fortalecida de este trauma. compartiendo mi propia experiencia con ustedes, porque el daño aún hoy está latente.

 

Historia 3

 

Hoy les relataré una historia que me toca muy de cerca y que de alguna manera está conectada con la realidad que se está viendo con respecto a los abusos entre los “poderosos y los sin voz”.
La personalidad de los niños se va formando desde su nacimiento y solo con los años se va haciendo más determinante: entre los 2 y 3 años la prioridad es aprender autocontrol y seguridad.

X es una mujer a la que admiro y entiendo, a pesar de que ella siempre ha sido tomada por insolente, rebelde, mandona, intransigente, abogada de lo imposible, salmón (por nadar contracorriente), cuadrada, etc., de acuerdo a la etapa del ciclo vital que estaba viviendo.

Hablando con ella sobre su vida y cuál había sido -según ella- la razón de su actuar y forma de ser -según yo, asertiva- me reveló que se volvió justiciera y protectora de los débiles, como una respuesta a lo que ella de pequeña había observado en el seno de su familia.

Dado los malos tratos que recibía su madre, ella decidió ser su principal protectora. 

Con lo que estamos viviendo actualmente, creo que a ella le ha ayudado mucho, para visualizar y salvar situaciones, su actitud asertiva.



 

Historia 4

 

Cuando algún hombre decide sin mayores rodeos transgredir tu espacio personal, con la confianza de que se lo permitirás sin reclamos; se demuestra el gran poder que ellos creen tener sobre ti, mujer.

He llegado a pesar que da lo mismo que, por estudios o disposición de ingresos, tu posición social sea superior a la ellos, siempre estás en peligro de que un hombre crea que puede disponer de ti, por el solo hecho de ser una representante del “sexo débil”.

Fui consciente de esto en el lugar más insólito y en apariencia seguro, familiar… un supermercado.

Hay un supermercado que por cercanía a mi casa, frecuento. Un supermercado con pocos cajeros(as) por lo que prácticamente me he atendido con todo(as). Había uno en particular que siempre metía conversa o alguna ocurrencia que yo recibía de buena gana. Me considero una persona generalmente amable y no suelo ser cortante a menos que haya tenido un muy mal día.
Bueno, el tema es que parece que este hombre interpretó mal e hizo algo que quizás alguien más pensaría que es una insignificancia, pero créanme que yo no me lo esperaba y me dejó helada. Al darme el vuelto de la compra, me acarició la mano. No fue un mal cálculo cinestésico de parte de él, fue intencional.

En centésimas de segundo pensé “¿qué hago?”, “¿llamo al (a la) administrador (a) y reclamo este trato poco inadecuado?”.

Pero me detuve… “¿cómo defiendo algo que es pura subjetividad acerca de (cómo me tocó la mano)?”, “es mi palabra contra la de él…”, “voy a quedar como una loca”.

Siempre las mujeres quedamos como locas y este sujeto debe ser un profesional de la autodefensa…

No hice nada, decidí pasar de esta experiencia y seguir con mi día, pero la marca y el temor de que me volviera a suceder, quedó. Esto se lo he contado a mi pololo y a nadie más, seguramente porque aún este relato me da una doble vergüenza:

1) porque alguien fuera a pensar que me ahogué en un “vaso de agua”. 

2) porque alguien fuera a pensar que soy tonta por no haber hecho nada. 

Sigo frecuentando el supermercado, pero hasta el día de hoy evito deliberadamente pasar con mi compra por ese cajero, no vaya a ser que dado mi silencio haya visto aumentada su creencia de poder sobre las mujeres, y decida volver a hacerlo.

 

Contarlo puede ayudarte a sanar. Si tienes un relato similar a los que acabas de leer, te invitamos a sacarlo afuera al menos escribiéndolo en una hoja de papel.

También te pedimos que siempre creas en las víctimas… ya que tal vez, alguna vez, tú también lo fuiste.

Soy una bloguera mayor, mi profesión actual es mi propia evolución personal, amarme a mí misma y poder compartir con otros lo que estoy aprendiendo, gracias a mi inquietud de estar siempre en la búsqueda de conocimientos, teóricos y prácticos. Valoro y agradezco los diferentes ciclos de vida pasados ya que, gracias a ellos, estoy hoy viviendo la etapa más feliz de mi vida.

Publicar un comentario

Cart Item Removed. Undo
  • No products in the cart.