Reflexionando

A pasado un tiempo desde que comenzó la pandemia. Como mujer mayor también fui cautivada por la campaña del terror con la que, día a día, nos atemorizaban, la televisión y sus reportajes que para nada aportaba. Como aún tengo una madre de 90 años, fui observando lo que sucedía con ella cada vez que yo debía ir a turnos éticos en mi trabajo. Mi madre sufría ya que pensaba que con solo salir a la calle uno se contagiaba, su mente no era capaz de reaccionar en forma positiva ante tanta catástrofe.
Esto me hizo pensar en cuánta gente estaría en la misma situación, tomé mi computador e investigué sobre el virus. Cada día fui leyéndole a mi madre noticias positivas y fue así como, poco a poco, logré ir revirtiendo esta avalancha terrorífica que caía sobre nosotros, también me dediqué a compartir información positiva en mi Facebook e Instagram, mensajes para ir educando a otros como yo,  frases para levantar su ánimo.


Para poder sentirme útil y ocupar mi mente en este confinamiento, también he reflexionado sobre esta campaña preventiva y en lo mal llevada que está, en cuanto a salud mental de las personas mayores y la comunidad en general. Está comprobado que cuando las personas reciben educación e información, las campañas son más efectivas, porque se internalizan los conocimientos y la ciudadanía en general crea hábitos que les permiten llevar mejor las medidas preventivas.

¿No hubiera sido mejor una parrilla con películas, teleteatros, dibujos animados para los niños, programas musicales para adolescentes, entre los cuales, cada media hora, se pusiera un jingle con indicaciones y las medidas de precaución? ¿O un comercial mostrando lo que sucede si NO nos cuidamos?

Creo que habría dado mejor resultado y no existirían fiestas clandestinas, lugares de reunión y gente que se traslada de un lugar a otro. Sin embargo, nosotros -las personas mayores- no podíamos salir a caminar arriesgándonos a la pérdida de masa muscular y a alterar nuestras funciones cognitivas.

Creo que cuando la gente que gobierna -no importa de qué sector sea- se dé cuenta que somos seres humanos pensantes y que aún podemos aportar a la sociedad desde la experiencia ganada entre pestes, pobreza, terremotos, temporales, inundaciones etc. verá que hay un gran potencial que aportará al país desde el conocimiento de las grandes crisis.



Que no somos los “tatitas” que hay que visitar y sobreproteger, por el contrario, estaríamos felices de poder aportar sabiduría, cariño y trabajo a este país que cada día decae más en lo social.

Desde nuestro punto de vista altruista y desinteresado, podríamos ser de gran ayuda para la sociedad.

5/5
Graciela Cancino

Graciela Cancino

Soy mujer, madre, abuela y profesional en ejercicio aún. Agradecida de la vida por todo lo que me ha dado. Mis expectativas son envejecer en buena forma, ser útil a la sociedad y contribuir a la formación valórica y cognitiva de los jóvenes y niños, retribuyendo así todo el amor que ellos me entregan.  

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