¿¿Quién dijo que ser mamá era fácil??

No dormir, no comer, no salir a un café, al cine, a bailar.
¿Cuántos trabajos tenemos en la vida?
Enfermera, niñera, cocinera, lavandera, profesora, economista, nana, estilista, peluquera, podóloga, modista, sicóloga, curandera, artista, cantante, consejera…en fin, convertirse en madre es ser todo eso y mucho más.
Cómo lo hacemos? Solo con magia…
¡¡La magia del AMOR!! Porque cuando nos convertimos en madres, dejamos de ser simples mortales, nos crecen los brazos, se agudizan los oídos, se agrandan nuestros ojos, nuestros labios se vuelven de azúcar y la medicina perfecta. Nuestra piel se torna toda un manto de sensaciones y nuestras manos, se vuelven gigantes.
Así va pasando nuestro tiempo, ya nunca pensaremos en singular.
Habrá lágrimas, risas, dolor, frustración, habrá maravillosas sorpresas y también dolorosas decepciones.
Pero por lo mismo, las madres; somos seres únicos, particulares, con una caparazón fuerte, pero muy sensibles por dentro. Las que tenemos más de un hijo, luchamos día a día por entender a cada uno, ahí conocemos la imparcialidad, la resiliencia y el empoderamiento.
De repente el tiempo pasó y se nos va quedando el nido vacío. Cómo duele cada vuelo. Pero ahí, estoicas, nos quedamos observando cómo van planeando su vida, atentas a cualquier tropiezo que den, para abrir los brazos y volverlos a acunar, mienta sanan sus heridas, mientras vuelven a encontrar el camino. Volvemos a llorar con sus derrotas, a llorar por sus triunfos, a reír con ellos cuando los vemos felices y a volver a abrazarlos, cuando se sienten tristes. Quisiéramos ser inmortales, para no dejarlos solos.
Pero cada vez, el tiempo inexorable, nos avisa de tantas formas, que un día , deberán caminar sin nuestra sombra. Porque desde ese momento, ellos se convertirán en la sombra de sus propios hijos. Sus hijos, el regalo más maravilloso que recibimos de ellos: los nietos.
Es la vida, son los ciclos, son la razón de estar, son los hijos con los que Dios nos bendijo. Solo nos quedarán impregnados en el alma, esos besos limpios y los recuerdos de cada vivencia.
Hoy, día de las madres. Algunos saludaron a la suya, si aún la tienen, otros la recordarán, muchos no tendrán tiempo ni siquiera de llamar. Pero nunca, nunca la podrán olvidar.

5/5
Rosa Alquinta

Rosa Alquinta

Nací en la ciudad de La Serena. Toda la vida me gustó la poesía. Escribo desde niña.

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