Mi “tercera edad”

Foto: www.eldefinido.cl

Resido en Oregon EEUU hace 20 años y estoy recién jubilada de un trabajo con la Universidad.

Me dedico ahora a cultivar membrillos en una parcela con mi esposo, preparando y vendiendo dulce de membrillo para la feria local.

Creo en la vida familiar como cimiento para una humanidad en paz y libre, disfruto de mis hijos y, sobre todo, de mis nietos.

Ahora lucho contra el anti-ageing y el edadismo, prejuicios firmemente arraigado en esta sociedad.

Amo cuidar la naturaleza y cuando puedo viajar para ver mis 4 hijos y 11 nietos en Chile, Israel, Washington y Oregon.

Soy buena conversadora y disfruto de saber de mis amigos.



No hace mucho estuvimos visitando nuestro amado Chile, país que nos cobijó durante 25 años, país de nuestro corazón, país donde nacieron nuestros hijos y crecimos como familia, país de amistades formadas para siempre.  Pero eso ya hace más de 20 años.  Sin embargo, las raíces son profundas, los amigos como familia y el reencuentro, nos deja siempre con aún más amor y comprensión por nuestra humanidad.

En mi reciente visita me encontré de frentón con las palabras “tercera edad”.  Con eso de la “tercera edad” me pongo un poco incómoda, pues ¿allí estoy yo ahora?  Me doy cuenta de que tal vez por eso, me he resistido compartir algunos pensamientos acerca de ella como me han pedido mis amigos de Pensar Sin Edad.

Me río sola, pues, ya con mis 67 años, de verdad es que estoy en esa tercera edad; sobre todo, cuando tiendo a pensar en la primera y sobre todo la segunda, cuando pasé mis años en Chile.



Mientras reconozco que hay situaciones, desafíos, ventajas de cada edad, lo hermoso es darse cuenta de que realmente no existen barreras entre nosotros, ya que en realidad somos parte de una sola y gran familia humana.  Es cierto que hay veces que me siento un poco desubicada, sobre todo frente a los desafíos de la tecnología y el conocimiento de los nietos, pero también hay momentos cuando se pueden compartir historias y aprendizajes con los más jóvenes, quienes, por medio de esta interacción, se sienten comprendidos y apoyados.

Una cosa a tener siempre en mente y que es importante recordar y practicar son estas palabras que me resuenan ahora, habladas hace más de 100 años en una charla en Nueva York, por ‘Abdu’l-Bahá:

“Los derechos de sus miembros individuales no deben ser transgredidos… El agravio a uno debe ser considerado como un agravio a todos; la comodidad de cada uno, como la comodidad de todos; el honor de uno, el honor de todos.”

5/5
Paula Siegel

Paula Siegel

Resido en Oregon EEUU hace 20 años y estoy recién jubilada de un trabajo con la Universidad.   Me dedico ahora a cultivar membrillos en una parcela con mi esposo, preparando y vendiendo dulce de membrillo para la feria local. Creo en la vida familiar como cimiento para una humanidad en paz y libre, disfruto de mis hijos y, sobre todo, de mis nietos. Ahora lucho contra el anti-ageing y el edadismo, prejuicios firmemente arraigado en esta sociedad. Amo cuidar la naturaleza y cuando puedo viajar para ver mis 4 hijos y 11 nietos en Chile, Israel, Washington y Oregon. Soy buena conversadora y disfruto de saber de mis amigos.

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2 respuestas

  1. Me agradó mucho tu mensaje. En mi caso, el asunto edad es inevitable. Hace un tiempo, mientras estacionaba el vehículo, apareció un acomodador muy solícito. Me abrió la puerta y me dijo: “Me encanta ayudar a las personas de la cuarte edad”. Y lo asumí.

    1. Hola Laura! Con esto de la “cuarta edad” estoy frita, pues no había escuchado esa frase antes. Muchos saludos y gracias por su comentario!

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