Los políticos bajo la lupa de las personas mayores

Probando

Desde hace un tiempo observo un deterioro – a nivel mundial-  en la credibilidad de los referentes de autoridad, en particular de la clase política. Chile no es una excepción.

Motivada por la contingencia de las próximas elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales  puse especial  atención a las opiniones de los analistas políticos pero también a lo que sienten, piensan y expresan personas de diferentes ámbitos culturales, sociales y de grupos etarios.



Baja participación 

En la elección de alcaldes de 2016 el 65% de los ciudadanos se abstuvo de votar, no ejerciendo su derecho a elegir autoridades porque no les creen y no confían en ellos.

La gente de a pie lo expresa con una simple frase: “cuando se acercan las elecciones se acuerdan de nosotros, después desaparecen y no cumplen sus promesas”.

Se observa un divorcio entre la clase política y la sociedad, puesto que alrededor de un tercio de la población con derecho a sufragio no concurrió a votar. (Cf. SERVEL. Elecciones Municipales 2016).

Creo que la ciudadanía tiene sobradas razones para desconfiar. ¿Motivos? muchos,  tal vez demasiados.



Políticos desconectados de la realidad de la gente común

 

Rodrigo Márquez, coordinador para Chile del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el Informe sobre Desarrollo Humano 2016, señala “las élites no entienden lo que le pasa a la gente…..si no se entiende cómo la gente valora los fenómenos lo más probable es que las políticas públicas no sean efectivas.” 

Justamente, se hace evidente la desconexión con los problemas reales y con la vida misma de la gente, cuando hay tardanza excesiva en la elaboración de leyes que realmente logren subsanar los problemas de la cotidianidad, tales como las deficiencias en transporte, salud, vivienda, pensiones, seguridad, educación, salarios, entre otros. 

El mismo experto citado anteriormente,  dice “la desigualdad que más le importa a los chilenos no es la de ingresos, si no la desigualdad  de trato”.

Lo más probable es que la desigualdad en el trato tenga alguna relación con la profunda inequidad y segregación en la que vivimos.

En el caso de  las personas mayores, además tiene relación con la idea que somos considerados como socialmente descartables. En una sociedad como la nuestra donde el “tener” está por sobre el “ser” descartar al que no produce, tiene  sentido.  Se desecha su experiencia, su conocimiento y su sabiduría, es decir, todo lo que puede aportar.

Creo que la situación se complejiza si añadimos los escándalos vinculados al financiamiento de la política, su escaso rendimiento en tareas propias de parlamentario, sus salarios excesivamente altos, su desdén hacia la opinión pública, la tendencia a buscar siempre la reelección y otros aspectos largos de mencionar.



¿Por qué ahora (los políticos) lo harían bien?

 

En  2016, la VII Encuesta  del  Consejo Nacional para la Transparencia, entre otras preguntas, consultó lo siguiente: “para la solución de los problemas país, Ud. Tiene mucha confianza, bastante confianza, poca confianza o ninguna confianza en…”. Los porcentajes hablan por sí solos.

Las personas tiene poca o ninguna confianza en los políticos (91%), en los parlamentarios (88%), en las autoridades políticas (88%) y en los jueces (81%).

Lo descrito en las líneas precedentes es responsabilidad de la dirigencia política y en gran medida de los parlamentarios que legislan sobre el marco legal que regula la vida en una sociedad democrática como la nuestra. Sin embargo, los electores tenemos nuestra cuota de responsabilidad.

 

¡Nosotros los elegimos! ¡Nosotros los re elegimos!

 

Desde el retorno a la democracia,  emitimos el voto y confiamos en que los elegidos harían su trabajo con altura de miras en beneficio de los electores procediendo con rectitud y laboriosidad, en un marco de valores que le diera al país estabilidad en todo ámbito, pensando especialmente en los más carenciados. Lamentablemente el mundo político no sintonizó con nuestras necesidades.

 

Hoy podemos contribuir a la solución

 

A continuación presento mi propuesta en el entendido de que esta queda disponible para enriquecerla  con el aporte de quien esté interesado en la mejora permanente de los procesos eleccionarios, por la importancia que reviste en la mantención de una sana y moderna democracia:

 

  • Participar en el acto cívico eleccionario que se avecina y votar informado conociendo las propuestas del candidato y luego monitorear el desempeño, no solo del candidato, sino también del conglomerado que representa, porque visto está que en el parlamento se vota por alianzas, pocas veces en defensa de los intereses de los electores.     

 

  • Transformar los pensamientos “fatalistas” de ciertos electores, tales como “las elecciones no influyen en mi vida, ni en la de mi familia”.  Si no votamos serán electos los mismos de siempre, quienes una vez más se reafirmarán en sus cargo y  la situación seguirá igual o peor.

 

  • Elegir a los candidatos más respetables, honestos, confiables, creíbles, con propuestas realizables, abiertos al diálogo con la ciudadanía, con vocación de servicio público y conectados con el acontecer nacional, para contribuir a su pronta solución elaborando leyes justas y pertinentes al momento y así aportar a la paz social.  

 

La importancia de las personas mayores votantes

 

Es evidente que elegir según el perfil planteado implica una buena dosis de tiempo y voluntad de parte del elector. Mi cuota de confianza está en las personas mayores y en la influencia que pueden ejercer en sus organizaciones y en otros grupos etarios.

Basta mencionar que en la elección de alcaldes 2016 votaron 1.384.744 mayores de 60 años constituyendo así el 28% del total de sufragios que alcanzó a 4.927.257 personas (Cf. Estadística de SERVEL, 2016).

Tiendo a pensar que somos nosotros los que contribuimos significativamente a marcar tendencia electoral, por lo que se hace más nítida nuestra responsabilidad.  



Y las personas mayores organizadas

 

​​En cuanto a las personas mayores, nos queda la tarea de convocar a la multiplicidad de organizaciones de personas mayores que se reúnen continuamente, con la finalidad de socializar y realizar los talleres que aportan las municipalidades.

Valoro estas iniciativas, solo que considero se hace necesario dar un paso más allá y sumar fuerzas en torno a las uniones comunales, las que deben constituirse en federaciones robustas o potenciar la Confederación Nacional constituida el 7 de septiembre del presente año.

Anhelo que esta organización logre unidad, tenga poder y protagonismo, capaz de exigir el cumplimiento de reivindicaciones que se ajusten al derecho chileno y se respete la juridicidad internacional, como es el caso de la Convención Interamericana de protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, recientemente ratificada por Chile.

Me encantaría que mis opiniones generen en otros la necesidad de manifestarse con sus puntos de vista, que se atrevan a proponer otras soluciones para devolver credibilidad a las autoridades. 

Esa sería una forma de enriquecer y ampliar la comprensión de los nocivos efectos que tiene para una sociedad la falta de confianza de los ciudadanos para con sus políticos y, hay que decirlo, en Chile ya está instalada la sospecha. La desconfianza se siente en el ambiente social.

El Proyecto 2017-FMC-724391 “Blogueros mayores para el encuentro intergeneracional en las ciudades del mar” está financiado por el Fondo de Fomento a los Medios de Comunicación Social 2017.

 

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Maria Elvira Sanchez

Maria Elvira Sanchez

Bloguera Mayor 2017.

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