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Las mujeres frente a la actividad física: mucho más allá que la “operación bikini”

Hace 7 años que soy socióloga y hace 6 Máster en Gerontología.

Sin temor a equivocarme podría decir que todos los que nos dedicamos profesionalmente a estudiar e intervenir en el ámbito del envejecimiento, tanto a nivel individual como comunitario, creemos que la salud es la variable central de todo este cuento. La salud en el sentido amplio de la palabra y presente en todo y cualquier momento de la biografía de la persona.



Según la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS):

“la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Además, para este referente mundial, “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr, es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano…” (OMS, 2006, p. 1)

Hace varias décadas la salud dejó de ser entendida como algo cuyo dominio se restringe a los profesionales sanitarios. El modelo bio-psico-social o de salud integral, ha ido permeando desde hace décadas, promoviendo el involucramiento de cada vez más disciplinas y profesionales en el estudio y abordaje de la salud.

Este modelo se diferencia del tradicional por intentar plantearse frente a las personas desde el enfoque de ciclo vital, es decir, no tratando a los individuos como datos que entran y salen de rígidos compartimentos etarios (niñez / juventud / adultez / adultez mayor) sino como sujetos que transitan por todos ellos trayendo consigo su biografía, sus diferencias fisiológicas de base, sus desigualdades y determinantes sociales, sus gustos, sus preferencias, sus valores, etc.

 

La salud no es algo que venga dado

 

Al ser la salud un estado físico, mental y social, podemos hablar de multidimensionalidad de la salud. Esto quiere decir que los individuos podemos influir sobre nuestra salud adoptando estrategias directas e indirectas que modifican nuestra condición física, mental y social.

Las determinantes sociales de la salud (DSS) influyen directamente y en las decisiones saludables que tomamos (o no tomamos) en nuestra vida, las cuales han sido ampliamente estudiadas dado que constituyen uno de los mayores generadores de desigualdades para el logro de la salud deseada y el principal obstaculizador para el goce de ese derecho humano fundamental que es la salud (MINSAL, 2011).

 

Hay correlación entre desigualdad de derechos y sedentarismo en las mujeres

 

Disponibilidad de recursos económicos y años de escolaridad son DSS directamente relacionadas con el sedentarismo, por ejemplo: las personas con menores ingresos, menor cantidad de años estudios y menor disponibilidad de tiempo libre son más proclives al sedentarismo y a desarrollar, consecuentemente, enfermedades crónicas no transmisibles (EC).

Las mujeres son más sedentarias que los hombres, en parte, por estas desigualdades. Muchas están fuera del mercado laboral, otras participan de él pero intermitentemente y otras participan de él pero con menor sueldo. También, muchas mujeres asumen sin apoyos ni remuneración el cuidado de los hijos, los enfermos, los discapacitados y las personas mayores de la familia, lo cual las deja sin tiempo libre para otras actividades.

Muchas mujeres adultas y adultas mayores no accedieron a la educación superior. 

Las mujeres vivimos más años, pero buena parte de esos últimos años de vida, son con mala salud.

La pérdida de funcionalidad se encuentra en directa relación con la previa ocurrencia de EC, enfermedades que se caracterizan por un inicio asintomático, una rara resolución espontánea, una rara curación total y presentar manifestaciones clínicas después de harto tiempo; siendo la hipertensión y diabetes, las más conocidas.

 

Nos beneficiamos de la actividad física desde posiciones desiguales

 

Datos arrojados por la última Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2015 (Ministerio del Deporte) resaltan como excelente noticia que el sedentarismo haya disminuido un 7% en nuestro país desde 2006 a 2015, atenuando la vergüenza que significa acepta que aún 80% de la población total se declara sedentaria.

Cabe destacar que la DSS “ingreso” afecta fuertemente en la realización de actividad física, notándose amplias diferencias entre niveles altos y bajos: un 47% de participación en el nivel socioeconómico ABC1 v/s un 17% de participación en el nivel E.

Hombres y mujeres han aumentado la práctica de actividad física en el periodo comprendido en el estudio, sin embargo, este aumento sigue siendo menor por parte de las mujeres, lo cual alerta la posible presencia de desigualdades relacionadas, por un lado con las DSS, y por otra, con la oferta y acceso a actividades.

Llama la atención y genera sospecha que hombres y mujeres se involucren en actividades físicas tan diferenciadas y distantes y tengan razones tan distintas para desempeñarse en dichas actividades, según la encuesta de 2015. Mujeres se inclinan por “una preocupación por la salud y actividades de bajo impacto”, mientras que los hombres por “la entretención y deportes de mayor impacto”.

-Hombres: 1ro fútbol y derivados (42,6%), 2do correr y derivados (13,3%) y  3ro ciclismo bicicleta y otros (10,3%). Un 44% realiza actividad física por entretención.

-Mujeres: 1ro baile entretenido (22%), 2do acondicionamiento físico (19,8%) y 3ro ciclismo, bicicleta y otros (12,3%). Un 25% realiza actividad física por entretención.

 

Analizándolo desde el CrossFit 

 

El estar practicando CrossFit 3 años 5 días a la semana, una disciplina que me ofrece ejercicio físico funcional, altamente variado y de alto impacto sin distinciones de género, ni etarias ni por condición física de base; me deja la impresión de que la oferta generalmente disponible da cuenta de una rígida distinción por géneros.

Afuera veo actividades para hombres y actividades para mujeres tan distantes entre sí, como son el rosa y el azul para las niñas y los niños.

En cambio, en la gran fiesta del CrossFit que son los CrossFit Games, tenemos compitiendo casi casi a la par a hombres, mujeres, adolescentes y adultos mayores.

Todos y todas sacando lo mejor de sí, explotando sus capacidades al máximo en cada evento; todos y todas echando por tierra cada uno de los estereotipos que podrían llevar a pensar que esta actividad debería ser sólo para hombres jóvenes.

 

Por demasiado tiempo secuestradas por la “industria del fitness”

 

¿Podríamos decir que la oferta que le estamos proponiendo a las mujeres es poco motivante y esto incide en su sedentarismo y en su salud final? A mi juicio, la oferta existente se sustenta en prenociones dañinas para el colectivo de mujeres que, a su vez, reproduce prácticas poco aportadoras a la salud de las personas de mi género

¿Es normal que se haya instalado la “operación bikini” y esa sobredemanda femenina por “gimnasios retail” a partir de septiembre o cuando comienza nuevamente el año en marzo y que no hayamos podido dar en el clavo, respecto a qué necesitan mis compañeras para incorporar la actividad física definitivamente en sus vidas?

Esta industria gusta de tener a la mujer constantemente al borde del ataque de nervios.

Por un lado, sin dinero y sin tiempo libre, imposibilitando realizar cambios definitivos e incorporar la actividad física hasta el final de la vida, por otro lado, convenciéndola de que las actividades desafiantes y motivantes no son para ella y finalmente, ofreciéndole soluciones rápidas y milagrosas para atacar su “verdadero problema” que es el peso, el número y la talla: pastillas, electrodos, cirugía, dietas con nombres raros, fajas modeladoras, etc, etc.

 

Feminización de la vejez

 

Ojo aquí con el fenómeno de feminización de la vejez. Que somos más las mujeres las que llegamos a vivir hasta edades avanzadas, pero ¡sorpresa! con peor calidad de vida y más años con mala salud, ¿por qué será?

La encuesta dice que la práctica de actividad física disminuye en la medida que se va aumentando en edad, pasando de un 43,4% entre los 18 a 29 años, a un 28,0% entre los 30 a 59 años, y finalmente a un 15,8% entre los 60 y más años.

Entonces, además de lo dicho anteriormente sobre las desigualdades de acceso y oferta según género, no parece ser una actividad que entendamos acompañe a las personas durante todo el ciclo vital, idea errada que tiene que cambiar ¡ya! si queremos abordar adecuadamente la salud de una población que envejece.

Puedo aventurar decir que, dada la forma en que generalmente se entiende la vida y el envejecimiento, inventamos nuevos y más límites imaginarios para la actividad física, que se adicionan a los ya existentes por géneros.

Muy pocas personas comprenden los cambios físicos y cognitivos normales de la madurez humana, desaconsejando la actividad física variada y de alta intensidad a personas mayores de 60 años, sólo porque 60 les parece un número muy grande y sinónimo directo de enfermedad.

La gente común y corriente recomienda resignación frente a los cambios físicos de la madurez, tanto los normales como los patológicos, mientras que los profesionales que se desempeñan con personas mayores deberían recomendar el desarrollo de estrategias que no solo compensen las capacidades que se van perdiendo, sino que realcen las que aún permanecen.

La caricatura de la mujer mayor sentada en el sillón todo el día tejiendo, es ampliamente rechazada por los jóvenes de hoy. No queremos llegar a es y ya no creemos que ese sea nuestro destino natural.

De hecho, cada vez vemos más videos virales de personas mayores que son ejemplos de buena salud y estado físico a edades avanzadas, incluso vemos videos que nos muestran que es posible mejorar un estado físico deteriorado durante la juventud, en edades avanzadas, en resumen ¡que nunca es tarde! Un ejemplo de esto son las mujeres que compiten en categoría Master +60 en los Crossfit Games.

Lamentablemente, a pesar de lo anterior, aún se desaconseja la realización de una amplia gama de actividades a la población mayor, dejándonos para cuando tengamos 60, una oferta muy reducida y bastante aburrida, a mi parecer.

 

Hagámoslo por nuestra salud física, pero también mental

 

No olvidemos el impacto que tiene la actividad física en el bienestar subjetivo, el desarrollo de las emociones positivas y en definitiva, en la felicidad.

La práctica de actividad física mejora la autopercepción física y autoestima global, además facilita las relaciones interpersonales y la construcción de redes sociales útiles y necesarias en todo el ciclo vital.

Muchas investigaciones han relevado el papel preponderante del disfrute y la diversión mientras se desarrolla la actividad física, variables directamente relacionadas con el compromiso hacia la actividad, lo cual, en definitiva, habilita la continuidad en el tiempo y el abandono definitivo del sedentarismo (Blázquez, J et al., 2009).

La variable “entretención” no parece ser accesoria cuando hablamos de actividad física y permanencia en el tiempo.

Vuelvo a repetir, necesitamos crear una oferta desafiante, motivante y entretenida para todos y todas. Una oferta inclusiva, centrada en la satisfacción de verse superarse cada día en compañía de otros y otras que están en “la misma pará”.

Una oferta no centrada en el peso, en el imperativo médico, en la figura o en los cánones de belleza y juventud que a las mujeres nos exigen perseguir.

El perfeccionamiento dentro de la actividad física que se desarrolla, va en directa relación con el perfeccionamiento integral de la persona y su construcción permanente, resultando de esto un aumento del bienestar personal.

 

En conclusión

 

Estamos abordando el ejercicio del derecho a la salud a través de la actividad física, cometiendo demasiados errores: soslayando las determinantes sociales y desigualdades que siguen afectando fuertemente a las mujeres, desde una perspectiva compartimentalizada, poco integral y estereotipada respecto del ciclo vital, los géneros y el envejecimiento.

Referencias:

  • Blázquez, J et al. (2009). Práctica deportiva y bienestar subjetivo: estudio con adolescentes portugueses.  Revista Iberoamericana de Psicología del Ejercicio y el Deporte, vol. 4, núm. 1, enero-junio, 2009, pp. 105-120
  • Ministerio de Salud (2011). Objetivo sanitario de la década 2011-2020. Santiago: Ministerio de Salud.
  • Ministerio del Deporte (2015). Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte. Santiago: Ministerio del Deporte.

Socióloga (Universidad de Valparaíso) y Máster en Gerontología, Dependencia y Protección de los Mayores (Universidad de Granada). Más conocida en redes sociales como Javiera La Envejeciente. Fundadora y Directora de Pensar Sin Edad - Revista Digital, influencer en envejecimiento y adultez mayor, activista en favor de los derechos de l@s adult@s mayores y del derecho de tod@s a envejecer con calidad de vida.

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