[FICCIÓN] “La hoguera de los carcamales”: extremismo viejista en un mundo donde escasean los recursos

Estas vacaciones de verano me tenté con varios libros que devoré sin demora en estos dos meses de descanso. Uno de ellos fue “9 cuentos malvados” de la novelista canadiense de 80 años, Margaret Atwood.

Este es el 3er libro que leo de esta la escritora, que recién vine a conocer en 2019, un poco tarde de mi parte, considerado lo buena que es.

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En esta oportunidad escribo este artículo para hacer una pequeña reseña y reflexión del último de los “cuentos malvados”, titulado “La hoguera de los carcamales”.



Carcamal es una palabra que se utiliza para referirse coloquialmente y de manera despectiva hacia una persona mayor. Su definición es “viejo y achacoso” y es sinónimo de “vejestorio”, otra palabra horrible.

Antes de continuar, cabe destacar que este cuento, se parece mucho a la novela “Diario de la guerra del cerdo” , publicada en 1969 por por el escritor argentino Adolfo Bioy Casares, que ya resumimos hace unos meses en esta revista llamada Pensar Sin Edad.

 

¿En qué sentido se parecen ambos relatos de ficción?

 

La “hoguera” relata la historia de una pareja de adultos mayores que viven en una residencia de ancianos de alta gama y que intentan salvar su vida, ante el inminente ataque de un grupo terrorista compuestos por jóvenes que ven en estos mayores una barrera que no les permite acceder a mayores oportunidades de vida.

Los miembros del movimiento internacional autodenominado “Nos toca”, van cubiertos con caretas de bebé y reivindican poner un límite la prolongación “artificial” de la vida de personas que, por su edad, están enfermas y necesitadas de cuidados permanentes. Esto, porque ven que son dineros mal utilizados, cuando hay personas jóvenes sin recursos ni posibilidades de futuro. Su deseo es eliminar a “los parásitos de la cúspide de la pirámide”.

En el relato, la rebelión contra los “viejos” brota de forma intespectiva y rápidamente arrasa de todo… inclusive con las conciencias de la gente.



El asunto llega a los medios de comunicación y los argumentos de los jóvenes rápidamente consiguen el apoyo de la opinión pública… de un rato para otro ¡todos ya estaban de acuerdo con que se arrase con los viejos!

Un escenario desolador, nadie se pondría al frente para defenderlos. En la última hora, los derechos humanos brillarán por su ausencia…

“Después se enredan en una polémica inútil sobre si esto que está ocurriendo es un estallido de vandalismo, un ataque contra el principio mismo de tercera edad, el civismo y la familia o si no será, por otra parte, una reacción comprensible teniendo en cuenta los problemas  y las provocaciones y, francamente, el desbarajuste económico como el medioambiental con que se ha cargado a quienes están en la franja de, pongamos, los veinticinco para abajo.

Hay indignación en la calles, y sí, es triste que uno de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad haya servido de cabeza de turco, pero este giro de los acontecimientos no carece de precedentes históricos y en muchas sociedades – afirma el antropólogo-, los ancianos se retiraban dignamente para hacer sitio a los que venían al mundo, ya fuera perdiéndose en la nieve o haciendo que los trasladaran a lo alto de una montaña  donde los abandonaban.

Pero eso era cuando se disponía de menos recursos materiales, replica el experto financiero: de hecho, la tercera edad es una gran generadora de empleo. Sí, pero está agotando los recursos sanitarios que, en su mayoría, se destina a quienes se encuentran en las últimas etapas de… sí, todo esto está muy bien, pero se está acabando con vidas inocentes, si me permite una interrupción, eso dependerá de lo que entendamos por inocentes, algunas de esas personas… no estará defendiendo, por supuesto que no, pero tendrá que admitir que….  

El moderador anuncia que van a abrir el micrófono a las llamadas de los oyentes.

-No hay que fiarse de los menores de sesenta – dice el primero.

Todos se ríen.

El segundo oyente dice que no comprende cómo pueden tomarse la situación tan a la ligera. Las personas de cierta edad se han pasado toda la vida trabajando a base de bien, han pagado sus impuestos durante décadas, probablemente aún sigan pagándolos, ¿Y qué papel está desempeñando el gobierno en todo esto? ¿No se dan cuenta de que los jóvenes no votan nunca? Como no reaccionen y pongan orden ahora mismo, los representantes electos pagarán las consecuencias en las próximas elecciones. Más cárceles, es lo que se necesita.

El tercer radioyente empieza diciendo que él si vota, pero que nunca le ha servido de nada. Luego añade “a la hoguera con los carcamales”

-No he oído lo que ha dicho- dice el moderador.

El radioyente se pone a dar gritos:

-¡Claro que me ha oído! ¡A la hoguera con los carcamales! ¡Claro que me ha oído!”

Cita del Libro.



Los adultos mayores que viven en la residencia Ambrosia Manor al principio se toman la amenaza con cierta ligereza e incredulidad… pero al rato pasan a un peak de pánico que luego decanta en resignación.

En este punto, se organizan para disfrutar de su último día de vida, como si fuera su último día de vida… porque…, efectivamente, se trata de su último día de sus vidas. Y aunque los terroristas hayan cortado todos los suministros…, aunque no esté llegando comida, ni profesionales para atenderlos, logran hacerse una pequeña e improvisada fiesta de despedida.

El exterminio está en la cúspide de una pirámide que inicia con la exclusión por razones de edad, el “viejismo”.

Maltrato que se expresa en las palabras y en las actitudes que muchos jóvenes dirigen hacia las personas mayores, muy comunes también en nuestros tiempos, los tiempos de la “aldea global”, aldea que se ubica en un mundo que -hoy por hoy- se “está cayendo a pedazos” y dónde los recursos naturales se están agotando a una velocidad impactante.

 

Me pregunto: “¿Jóvenes y mayores llegaremos a competir por estos recursos escasos?

¿Estamos siendo capaces de generar conciencia acerca del edadismo y erradicarlo antes de que se desate un escenario de competencia descarnada?”

Los viejos: ¿son los últimos o los primeros en la fila frente a la crisis del coronavirus?

 

A propósito de estas preguntas y dado que el COVID-19 es un tema contingente y hace muy poco comenzó su expansión por occidente, cobrando la vida de miles de personas en países europeos cercanos a Chile, como España e Italia, me permito lanzar la pregunta: ¿Cuál será la suerte de nuestr@s compatriotas mayores de 60 años que se contagien con esta enfermedad, en un país con una estructura etaria tan similar a estos países europeos, pero con un sistema de salud público extremadamente debilitado por culpa del rol subsidiario del Estado que nos asfixia desde 1980?

Al parecer, cuando un país alcanza el peak de contagios y se da el colapso de los sistemas sanitarios, el enfermo que tiene las de perder, el que suele ser sacrificado por el bien de los que tienen más posibilidades de sobrevivencia, suele ser la persona adulta mayor. Así nos lo confirman los testimonios de los funcionarios de salud italianos y españoles:

“No se imaginan lo que está pasando aquí”. “Elegimos a quién tratar y quién no, según la edad y las condiciones de salud. Como en todas las situaciones de guerra”.

“Ya estamos haciendo el triage, como en la guerra, si no hay camas en la UCI, no se la das al más grave sino al que tiene más posibilidades de sobrevivir. Por ejemplo, un mayor de 80 años, con un cuadro complejo, frente a alguien más joven, se queda afuera”.

 

Leer más: “Como en una guerra”: el dramático testimonio de un médico en primera línea en la lucha contra el coronavirus en Italia

 

Como contraparte (pero quizás un poco tarde, considerando cómo avanza todo esto) la autoridad y el público en general en Chile han comenzado a impulsar una campaña de concientización tendiente a proteger a los más vulnerables frente a esta enfermedad, apelando a que el auto-cuidado de cada un@ de nosotr@s podría construir un especie de cerco de protección en torno a l@s mayores.

Esto puede ser cierto, pero me parece que todos estos son esfuerzos vertidos dentro de un “cántaro roto”, cuando sabemos que el sistema de salud público, sí o sí, colapsará. Esta es la tormenta perfecta, cortesía de una política pública que ha desfinanciado todos los centros de salud estatales.



Bueno, volviendo al relato de “La hoguera de los carcamales”, la mayoría de los residentes de Ambrosia Manor terminó por rendirse a su suerte, solo una pareja de amigos se negó a terminar aquí su historia, escapándose del lugar.

A l@s que les guste la lectura de ficción, les recomiendo buscar a Margaret Atwood en su librería de confianza y así comenzar a disfrutar de su impresionante pluma. Sus libros -inevitablemente- los llevarán a reflexionar sobre muchos aspectos sensibles de nuestra sociedad presente y futura incluyendo el futuro de la vejez y las personas envejecidas.

5/5
Javiera Sanhueza

Javiera Sanhueza

Socióloga (Universidad de Valparaíso) y Máster en Gerontología, Dependencia y Protección de los Mayores (Universidad de Granada). Más conocida en redes sociales como Javiera La Envejeciente. Fundadora y Directora de Pensar Sin Edad - Revista Digital, influencer en envejecimiento y adultez mayor, activista en favor de los derechos de l@s adult@s mayores y del derecho de tod@s a envejecer con calidad de vida.

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