Expertos en el arte de lo posible

(1) Expertos en el arte de lo posible

La autora define su concepción acerca del papel de la educación y de los educadores en un mundo en crisis como el presente. Priorizando sus posibilidades por sobre sus límites.

Edición Impresa: Tuesday, October 06, 2009
Por Ana Rosa Abrahin – Especial para Los Andes

“La libertad del hombre concreto se consuma en el ámbito de sus posibilidades; la posibilidad es el rostro humano de la libertad”.

J. Isaacson

Del documento Aprender a Ser provienen estas citas: “El hombre ha sabido asegurar progresivamente primero su supervivencia y después su desarrollo, ha organizado su existencia y elaborado progresivamente su sociedad, ha contribuido al destino de las sociedades en todas las fases de su evolución, no ha cesado de desarrollarse, es inseparable de las mayores hazañas individuales y colectivas de la historia, cuyo curso reproduce la educación bastante fielmente… Sujeto, quien más que recibir educación se educaba a sí mismo por simbiosis. Todo constituía, en el curso de los días, una ocasión para instruirse. La vuelta a las fuentes? puede fecundar el pensamiento pedagógico con valores y experiencias olvidadas”.



Es este hombre el que resulta ser, para mí, un experto en el arte de lo posible: re-visando, re-evaluando, re-conociendo.

Ejerciendo en el marco de “un sistema en el que la misma realidad (esto es, la existencia material/simbólica de la gente) es capturada por completo, sumergida de lleno en un escenario de imágenes virtuales, en el mundo de hacer creer, en el que las apariencias no están sólo en la pantalla a través de la cual se comunica la experiencia, sino que se convierten en la experiencia”. Castells

Ejerciendo en la escuela -un ámbito en el que lo escrito es acción- las posibilidades de salirse de la letra son mínimas: la regularidad es prescripción, “la idea se ajusta a la disciplina de la práctica y ésta se arraiga en la idea”. Un ámbito en el que los contenidos presuponen la convicción que los objetivos pueden lograrse a través de lo enunciado.



¿Contenidos condicionantes para quiénes los ejecutan? Respondo: más bien cristalización de una convicción educativa, porque el aprendizaje es un cambio de nuestra capacidad de hacer y de pensar sobre lo que hacemos, alentado por Popper que nos dice: “Tenemos que penetrar en lo desconocido, lo incierto y en lo inseguro, y para ello tenemos que emplear toda la razón que poseemos a fin de planificar -al mismo tiempo- la seguridad y la libertad”. Me pregunto, ¿cuán extra paradigmática puede ser una mirada del formador que promueve recuperación de su sí mismo y la actualización de sus potencialidades, al mismo tiempo que propone acciones en las que es el sujeto-eje’?

Y llego al aula, donde docente y alumno se enmarcan en las palabras de Bobitt: “El programa de educación pública fue elaborado para condiciones sencillas del siglo XIX. Hoy nos encontramos frente a nuevas responsabilidades. La educación debe desarrollar un tipo de sabiduría que solamente puede surgir de las experiencias vivas de los hombres. Debe entrenar el pensamiento y el juicio en relación con situaciones de vida actuales. Tiene la función de entrenar a cada ciudadano no en el conocimiento de ser ciudadano sino en el ejercicio hábil de la ciudadanía; no en el conocimiento de la ciencia abstracta sino para el hábil uso de las ideas de control de situaciones prácticas”.



¿Comparten conmigo que el agente de tamaña tarea es un experto en el arte de lo posible? Porque somos lo que hacemos, se me hace imprescindible nombrar diferente para actuar diferente. Entonces me digo y repaso, “por orden alfabético”: alfabetización, alumnos, aprendizaje, asegurar, comunicación, conocimiento, consensos, contenidos, docentes, fines, formación, formadores, medios, lo probable, lo posible, otros adultos, padres, padres-docentes, primeros educadores, roles disruptivos, segundo hogar, sentidos, suma de actores sociales, vida cotidiana, vital…

Sumando comprensiones, me queda que la educación es un servicio público de socialización: la entiendo como el transmitir el “mci” (mínimo común indispensable) para ser y actuar, para conocer/se, comprender/se, aceptar/se, cuidar/se, para ser uno mismo, ubicado con los otros en la vida cotidiana.

Si y sólo si coincidimos en que la vida consiste en la realización de actividades específicas, una educación clavada en la vida cotidiana es el objetivo. Un encuentro educativo, una situación en la que han de trabajar los aprendices, un problema a resolver, una tarea que emprender.



No es factible especificar lo que han de aprender de tal situación para luego medirlo, porque la vida cotidiana es, precisamente, la vida. Y la educación para mí es vida cotidiana, por lo que la doy en llamar “pedagogía vital”, “formación para la vida cotidiana”.

Por eso propongo la formación permanente. Expertos en el arte de lo posible, insisto.

Mi homenaje a cada experto de antes, de hoy y quienes los sucedan en palabras del recuerdo de Martin Grillo:

“Pero sabrás escuelita, que lo que más te agradezco es esta noble enseñanza que aprendí de tus maestros: más que a ser sabio en la vida hay que aprender a ser bueno, para que obre el corazón a la vez que piense el cerebro”. Para finalizar, desde mi convicción férrea que nombrando diferente actuamos diferente, contradigo a Farré para quien “los ideales siempre se desnaturalizan en su plasmación temporal”.

MARCO telestai, «aquellos que siguen una dirección»: buscadores de conocimiento; su sabiduría creció por experiencia directa, su filosofía surgió del conocimiento experiencial y no sólo de los libros

Nota: En cuarentena de cuidado con lo aprendido aprendiendo agradeciendo el testimonio por la confianza que implica su exposición pensando, accionando, siendo en San Luis, a los 11 días del mes de abril de 2020.

5/5
Ana Rosa Abrahín

Ana Rosa Abrahín

Experta en Gerontología y conductora del programa de radio “Había una vez, hoy” de LRA 29 Radio Nacional San Luis.

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