Entrevista 2020 – Ana Rosa Abrahín

Nací en Fortín Las Pulgas – luego Villa Mercedes – provincia de San Luis, con la colaboración  de la Sra. Clarisa Francovig quien, como ella solía decir, ayudó a traer al mundo a un número importante de puntanos; mi madre, Rosa “Chichi” Hernández López, nació en Chancani, provincia de Córdoba, maestra normal nacional recibida en la Escuela Normal de Maestras Paula Dominguez de Bazán, de San Luis;  mi padre, Ramón Amado Abrahin, nacido en Los Manantiales, provincia de San Luis, aviador militar; el desempeño de su carrera lo llevó a Villa Reynolds, V Brigada Aérea, Villa Mercedes, San Luis.

Cuando yo tenía cuatro meses nos radicamos en Buenos Aires; mi madre viajó especialmente dos años y medio después, para que mi hermano, Ramón Amado Abrahin (h) también fuera puntano.

Tengo tres hijos casados: Eduardo, que vive en Buenos Aires, Soledad y Martín que viven en San Luis.

Según mi filosofía de vida cuando cumplí 25 años (ejerciendo 45), nació mi nieta Sofía: hija de mi hija, luz de la familia, mi maestra; en el 2021 ambas conformamos la trilogía 777.



Los recuerdos de mi niñez cronológica comienzan en primero inferior del Colegio Sma. Virgen Niña, donde cursé hasta cuarto año; el quinto año en el Instituto Jesús María.

Desde que la conocí, a mis seis años, la Sma. Virgen Niña pasó a ser mi compinche por sus incontables intervenciones en mi vida cotidiana, a la fecha.

Sin duda fue la motivación por la que gestionara su entronización en la Iglesia Catedral de la ciudad de San Luis, como protectora de Nuestros Viejos, que se llevó a cabo en el baptisterio, el 8 de setiembre de 1996.

Mi niñez vital es fuerte presencia: marcada inocencia hasta que me demuestran lo contrario, sentido del asombro ante manifestaciones de la naturaleza como el canto del bienteveo al que respondo cada vez que lo escucho…; ya en ejercicio de atención consciente, sostengo a la fecha, elegir siempre el lado brillante de la luna llena.

Radicada en San Luis, en enero del 70 comienzo mis estudios de Licenciatura en Psicología en la entonces Universidad  Nacional de Cuyo.

Mi orientación hacia la gerontología surge en segundo año: cursando la asignatura antropología cultural me pregunté por qué las organizaciones sociales, cuando sus miembros llegan a la plenitud de edad y conocimiento que enriquecerán a la comunidad que los alberga, los marginan.



Alternando con tareas de transformación social que comienzo en 1982, curso el Profesorado y  Licenciatura en Ciencias de la Educación;  en el 2000 viajo a Salamanca para cursar el Experto en Gerontología, buscando una certificación de mi tarea en el área, con un  libro publicado, NUESTROS VIEJOS  y uno en carpeta, NUEVOS PARADIGMAS NUEVOS PATRIARCAS.

Me identifico de profesión sembradora: cada una de las semillas es valiosa en sí misma… surge como respuesta a una realidad que veo clara;  lo que  sucede luego son acciones que hacen a su evolución.

La Semana Mundial de Homenaje a la Vida -4 al  10 de noviembre – sembrada como Jornada en el 87, es la culminación sostenida de mi lema de acción que sintetizo “mi motor: lo posible, mi horizonte: el infinito”.

Comparto dos ejemplos de refuerzo positivo a mi accionar: un poema que la Dra. María Delia Gatica de Montiveros  me dedica y  publica en este mismo diario un  8 de marzo por día de la mujer y su carta que abre mi texto NUESTROS VIEJOS.

Comienzo  mi ejercicio gerontológico con una propuesta de intervención al Centro de Jubilados y Pensionados de la Provincia de San Luis en 1985: el proyecto piloto TIEMPO LIBRE TIEMPO ÚTIL,  basado en los resultados de la primera encuesta que se llevara a cabo en la ciudad de San Luis.

Me considero  aprendiz  revolucionaria, persistente, dispuesta a modificaciones tantas veces como lo estime necesario para lograr el objetivo que sea mi foco en ese momento.

Vivo alternando tiempo de juego, de formación, de tareas siguiendo los ritmos que se van gestando en movimiento sostenido, con orden y disciplina que aprendí de pequeña; se hicieron hábito que transmití a mis hijos y sostengo a la fecha como pilares de mi libertad.



Hoy en pandemia, mi lema es: “me cuido nos cuidamos… con lo aprendido, aprendiendo, a por tareas mejor acabadas”; considero  que como humanos nos hemos destacado como grandes constructores y en ese hacer hemos ido dejando de lado los vínculos: la amistad, como todo vínculo, es responsabilidad de dos.

Mirando mi recorrido vital veo que el ancestral enojo fue mutando a molestia por: la necedad, el uso de vocabulario bélico fuera de contexto, la incoherencia…y… acciono en consecuencia.

La música me es indispensable, las lecturas son mi fuente nutricia de preguntas y respuestas.

Agradezco  la invitación a compartir piezas de mi experiencia vital que promuevo: “todos somos lecciones todos somos aprendices”.

5/5
Ana Rosa Abrahín

Ana Rosa Abrahín

Experta en Gerontología y conductora del programa de radio “Había una vez, hoy” de LRA 29 Radio Nacional San Luis.

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