El galope

En uno de mis viajes a México alojé en casa de una amiga. Ella, muy gentil, siempre me ofrecía algún paseo novedoso.

– Mira -me dice- estamos en el mes de septiembre, que es el mes de la patria igual que Chile. Acá cerca de Morelos existe un campo con muchas entretenciones: puedes caminar, puedes andar en botecito en un lago o puedes andar en caballos mexicanos, si quieres. ¡Vamos!, se encuentra cerca de acá.
–  ¡Encantada! a mí me fascinan los caballos, me traen buenos recuerdos de la niñez.

Al día siguiente nos fuimos en su camioneta. Cuando llegamos, efectivamente había un lago muy grande con mucha gente en botecitos con niños remando.

Estaba muy helado el día… “Mejor el caballo”. A lo lejos se veía un bosque y se sentía el sonido de un río correr. Entonces dije “Mejor voy a dar por andar a caballo”.



Consideré prudente arrendar un caballo por 1 hora. Cuando voy a montar el caballo arrendado me doy cuenta que era muy grande, muy negro, muy alto y con mucha prestancia. Entonces le pedí al joven que me lo acercara a un lugar donde había un pisito y una mesa que yo tomé como “escalera” para subir y montar.

Comencé a andar con el caballo, paso a paso, era muy entretenido… a esa altura tú tienes otra perspectiva.

Ya no era tan simple, las piedras y las curvas, subir como un cerrito, al fondo mucha arboleda. Este caballo comienza a ponerse un poco inquieto y de repente, arranca a galopar. Seguramente algo lo asustó, pero en ese minuto me aterré, dije “Esto no era lo que yo quería, pero al mal tiempo buena cara” tomar con tranquilidad las riendas y  por ningún motivo soltarlas, mantener mis pies fijos alrededor del abdomen del caballo y afirmarme lo que más pueda.

El caballo terminó calmandose cuando entró en un río y yo aquí “Alivio, por fin tengo paz y tranquilidad” “No”, en ese minuto comenzó a andar más rápido y comenzó a resbalar porque el río estaba lleno de piedras con musgo, entonces resbalaba, se le doblaban las rodillas, por así decirlo, como que se iba a dar… y se paraba.



No volví al susto. Por todos lados yo buscaba a alguien que me anduviera mirando, alguien que me pudiera ayudar y tender una manito. El joven me dijo que me encontraría con alguien así más arriba en el río, quién me iba a enseñar a devolverme, pero que -de todas maneras- el caballo ya  sabía hacerlo perfectamente bien.

– Bueno, eso me da tranquilidad.

Seguí en el caballo. El susto, no te explico. Por suerte no se quebró una pata y por suerte no se cayó de lado, porque me habría aplastado una pierna, no sé, pero todo fue “por suerte”, creo.



Voy llegando a una lomita y veo a varias personas a caballo. Entonces ahí emito un grito “¡Ey! ¿¡alguien me puede ayudar, por favor!?”.

Se acerca al galope un joven como “El Zorro” y me dice “¿Qué pasa?”. Le cuento y me dice:

-No te asustes, este es un caballo responsable, por lo tanto, te va a llevar hasta el final. Seguramente tuvo su pequeño sobresalto, como cualquier ser humano, Pero él es un caballito bueno.

Creí todo lo que me dijo, entonces, con toda la fe en que yo podía regresar, eché a andar.

Miré el reloj, ya había pasado alrededor de 3/4 de hora y yo tenía tan solo 1 hora arrendada. “Bueno” dije “Eso es lo de menos, lo importante es que llegue a donde yo estaba”.



Nunca encontré mi amiga, que también había salido galopando en su caballo. Esto fue muy chistoso, la verdad, porque la idea era que las dos fuéramos cabalgando apaciblemente, con lentitud y apreciar el paisaje, disfrutando.

Comencé a darme la vuelta con el caballito. Afortunadamente ya venían dos personas más, por lo tanto, no me sentí sola en el trayecto de regreso.

Mi amiga, cuando se quiso bajar no la vio nadie y no tuvo la ocurrencia de buscar una mesita con un pisito para descender del caballo. Se fue de espaldas al suelo y pegó en la cabeza con una piedra. No había nadie y el caballo salió corriendo.

Bueno después serían las carcajadas de las dos inocentes que se sintieron, por un momento, como “amazonas” y la verdad que éramos dos personas, con dos caballos y nada más. Pero llegamos ilesas a casa. Descansamos y dormimos toda la noche, como si hubiésemos cabalgado por todo México, que es una inmensidad.

5/5
Victoria de Lourdes Quiroz López

Victoria de Lourdes Quiroz López

Chilena en España. Bibliotecóloga. Magister comercio internacional.

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