#8M2020 Día de la mujer

Hoy día he mirado a mis nietas, esas hermosas seres femeninos… desde este lugar de mi transición de vida…

Mi visión como adulta mayor me llama a reflexionar sobre cómo serán sus vidas en esta sociedad que se empina sobre el cambio y que empieza a manifestarse en variadas perspectivas, que supone la entrada a un nuevo mundo… donde los hombres y las mujeres deberán encontrar el lugar que les pertenece; adecuado a una evolución rápida hacia el entendimiento y la convivencia.




Aquí surge la mayor reflexión. Cómo los hombres y las mujeres puedan caminar por esta nueva sociedad codo a codo hacia ese nuevo horizonte en el futuro, el aceptar la unidad en la diversidad y sentir finalmente que la complementariedad humana es la tarea final.

El asunto que palpita y se manifiesta como principal y verdadero es el abandono de los prejuicios que durante tanto tiempo nos han dividido y desde ahí crear un nuevo código universal de relaciones humanas profundas. Es la meta.



Es signo de sabiduría entender que: esta humanidad, esta raza humana, inició el camino hacia la plena madurez. Este proceso de igualdad es inevitable e imparable.
Realmente no sabemos cómo será esta nueva sociedad verdaderamente basada en estos altos principios de igualdad de género, ya que dicha sociedad aún no ha existido y solamente se hará manifiesta esta idea cuando como familia humana, comenzásemos a esforzarnos por avanzar.

Esto por supuesto que requerirá de un proceso de profundos diálogos y que de estos aprendizajes desarrollemos un cuerpo donde los aportes de los principales sistemas de conocimientos de la humanidad y de la ciencia, se haga manifiesto; entonces -y solo entonces- este discurso sobre la igualdad del hombre y la mujer será algo más que un mero deseo, convirtiéndose en una verdad esencial para el desarrollo de la humanidad y el establecimiento de la paz universal.



Tengo la mayor e inequívoca certeza de que mis queridas nietas, como todas las mujeres, por su ternura, intuición y espiritualidad, podrán superar este mundo egoísta y lograrán que la falta de amor encuentre su equilibrio.

5/5
Graciela Miranda

Graciela Miranda

Mi nombre es Graciela y me dicen Chely. Soy profesora de Educación Básica. Puntarenense de corazón. Me encantan los niños, conocer cosas nuevas y enfrentar los desafíos. Mafalda es mi ídola preferida. Admiro a los pueblos indígenas. Conversadora, solidaria, resiliente y empática. Siempre dispuesta a apoyar a los “invisibles sin voz”. Me encanta la música y la lectura y estoy profundamente enamorada de la vida. Y estoy contenta de conocer a “La Viejóloga” que es “fuera de serie”.

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