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De canas y bastones

“Un hombre que silencia sus deseos, es un hombre viejo” J. E. Nedich

Una tormenta de palabras que me golpean como imprescindibles, siempre antes de comenzar a escribir. Las comparto con Uds:

– Importancia del conocimiento intuitivo de los gestos para la conducta.
– Los gestos no se pueden mentir pero se pueden negar.
-Mediatizan la concepción del mundo.
-Por el lenguaje creamos valores.
-A veces creamos imágenes que no ponemos en tela de juicio.
-Decodificar es mirar la realidad.
-No todo se dice.
-No todo se enseña porque no todo se permite.

El trecho, del dicho al hecho, está plagado de signos.

“El tiempo habla…”, dice May, “…habla más claramente que las palabras.

El mensaje que transmite, se manifiesta de un modo categórico y transparente.

Está sujeto a menos deformaciones que el lenguaje hablado, porque se manipula menos conscientemente.

Puede gritar la verdad allá donde las palabras mienten.”

 

Lo no verbal también es lo oculto

 

Miremos los contenidos o lineamientos curriculares escolares: no todo está dicho, pero casi todo se enseña, porque el currículum oculto lo complementa de maravillas.
Leer el lenguaje no verbal del docente es leer lo cultural. No es lo accesorio.

Lo no verbal, de fuerte credibilidad, entabla relación directa del exterior con el interior. El ritual comienza con la vestimenta.
Lo que nos perturba, el decir de Hall, es que no nos damos cuenta que estamos siendo sometidos a otra forma de comunicación, que emplea parte del tiempo en el lenguaje y otra parte actúa con independencia de éste.
En este contexto ¿el tiempo es oro? ¿La edad que más oro acumulado tiene, entonces, la más rica, es la vejez?
¿Y la tradición? Un Hobby. Se la venera como habilidad. La mirada hacia el horizonte, ligeramente la cabeza elevada.

Hablar de ciertas cosas, cambia nuestra relación con ellas. Nos libera de sus restricciones. Hablemos de vejez, entonces.
El aislado de sinteticidad nos interesa más que el de profundidad: ¿por qué? Podemos sintetizar lo tangible, pero la profundidad nos resulta muy lejana al tacto.

 

¿La vejez es profunda?

 

Está enraizada en lo profundo, al menos.
Hace al respecto por lo anterior ¿Hay indicadores?
Lo damos por sentado. De ese modo no lo hablamos. Es parte del trecho que menciono al comienzo.
Hablamos de futuro, sí pero no somos empáticos.
Elegimos “las pautas informales del tiempo que son…”, al decir de Hall, “…uno de los aspectos de la cultura que más se pasa por alto”, “no porque seamos ciegos, estúpidos o testarudos…”, continua Hall, “aunque nuestra capacidad de adherirnos a las pautas informales en contra de la evidencia a veces nos haga parecerlo”.

 

Canas y bastones:

 

Nos ha costado nada definirlas, menos aún nos ha sido necesario describirlas en unanimidad compartida por las cuatro generaciones.
¿Así de fácil? Claro, porque ya las habíamos aprendido. Ponerlas en palabras fue traducir “vejez”.
El punto fundamental es que las sociedades ordenamos la gente, la situación y las etapas de la vida, pero no simultáneamente y las pautas de esa selección son históricas.

“La selección es una importante excepción” a la que considero desde la pedagogía vital: formación para la vida cotidiana, un cierre -apertura

Dice Charles Morris que “ todo signo implica conducta, pues un signo debe tener un intérprete y un intérprete es una disposición para una reacción”.

Si le digo canas y bastones, ¿cuál es su interpretación y por ende su anticipación de conducta?
Esa interpretación que Ud. ha hecho tiene que ver con el sistema de conducta del grupo al que pertenece.
El que tenga que ver con lo que a Ud. le gustaría, me atrevo a decir que depende de su edad.
Piense en cuál serpia su interpretación hace dos siglos atrás.
Y luego vaya más atrás todavía, y puede intentar verse, además, en otras culturas.
Entonces se dará cuenta que ciertas condiciones sociales determinan estos signos como hoy los vemos, los efectos sobre nuestra personalidad individual y sobre la sociedad que nos alberga.
Porque, al decir de Morris, “los signos no se limitan a adquirir cierta significación en un momento dado, sino que poseen tal significación únicamente dentro de la historia de la vida particular de sus intérpretes y su aparición afecta para bien o para mal, la posterior historia individual de dichos intérpretes”.

 

Estamos tan familiarizados con las canas y los bastones…

 

Tal vez por lo mismo los notamos con menor frecuencia; los empleamos para nominar algo que no sabemos bien qué es, pero estamos seguros de lo que no es: canas ni bastones.
¿Qué significan, cómo lo significan, son recursos auxiliares del lenguaje?
Veamos una publicidad de una crema “antiage”: el rostro joven con pelo canoso, ¿es el rostro de la nueva vejez, es detener el tiempo o regresarlo?
En realidad las canas ya casi no existen como color natural salvo excepciones. El bastón, un signo de debilidad, sólo significa lo que se le parece, la espalda encorvada por el peso del tiempo.
Producimos signos que modifican y condicionan nuestra conducta, dije antes.
Canas y bastones hoy ¿son patológicos? ¿somos flexibles a su reemplazo?
Bastón signo de ayuda que necesitan quiénes… a tal punto que lo empleamos como metáfora, refiriéndonos a quien está al lado de otro que lo necesita par poder ser.
Puede que tengamos cierta satisfacción de mantenerlos, canas y bastones… por intereses generacionales, digamos.
Un cambio de signo significa siempre un riesgo, en este caso, de poder diferenciarnos sin tener que aceptar la diferenciación por edad de manera explícita.
El caso es que no nos despegamos de ellos fácilmente. Sería reconocer que el conocimiento generacional se ha suspendido. Somos más por los mismos estatus.

 

Hemos de con – vivir y com – partir

 

De ayuda a obstáculo – satisfacción parcial que conceden, estas canas y estos bastones.
Pero ya sabemos, como nos dice Morris,  “la conducta social de competencia de simbiosis es genuina como la conducta social de cooperación…” ¿o no?
Pensemos en el bastón ¿quién diría que no abre la posibilidad a un gesto cooperativo? ¿y las canas?, pueden promover competencia para ver quién lleva menos, los años.
Podemos ver la cultura en estos dos signos, como son interpretados y empleados en cada comunidad.
“Merced a tales signos interpersonales…”, dice Morris, “…los miembros de una sociedad se hallan ligados en sus afirmaciones, apreciaciones, prescripciones, y ligados así respecto de su conducta”.

 

Las canas y los bastones ¿son signos de aprobación o de reprobación social?

 

Pueden ser de alivio de ansiedad o distintivas formas de ansiedad: alivio de ansiedad siempre y cuando logremos evitarlos.
Tengo ante mí una imagen tapa de revista en la que aparece una joven modelo con un largavistas, cuyos lentes se ve la imagen de una mujer muy encorvada.
Acaso un signo que opera en nuestra conducta en referencia a aquello que, en este caso, siempre está muy lejos, es de los otros, lo negado.

Piense en un docente motivando a sus alumnos a representar a una persona de edad  ¿a qué elementos distintivos apelaría? ¿Y Ud.?

Controlar los signos implica control social.
“Una cultura…”, dice Morris, “…como preferencia por ciertos modos de conducta, implica también que se prefieran ciertas estructuras de personalidad antes que otras; la especie de persona alabada en un grupo puede ser condenada en otro”.
¿Qué le dice a Ud. esta afirmación en relación a la vejez?
Continúa Morris, “…aquellos cuya personalidad recibe desprecio de una sociedad constituyen un vivero de resistencia al control social y una fuente dinámica de posibles cambios sociales”.
Porque dice, “…la sociedad sólo existe como interacción de las personas y las diferencias entre las personas y su variabilidad es una fuente inevitable de cambio para dicha sociedad”.
Para quien se atreva a modificar las cosas siempre habrán canas y bastones.
Indican la preferencia por ciertos modos de conductas y por ende ciertas estructuras de personalidad que son funcionales a la organización que se trate.

 

¿Cuál sería, en este contexto, la característica principal de un proceso educativo que tiene como fin prioritario el desarrollo individual?

 

Prepararnos para resistirnos a ser explotados por los signos.
Prepararnos para detectar los signos patológicos y alentarnos a su reemplazo.
¿Se detecta una resistencia activa a la corrección de los signos?

Los signos no son la causa de la patología social, o individual, pero son medios poderosos porque un signo es por definición “algo que rige la conducta respecto de otra cosa que no se halla presente como estímulo”.
Volviendo a la imagen, si la cara es juvenil y la actitud vigorosa, ¿dónde está la vejez?
Desconcierta.
Y la comunicación ¿no es provocar significados comunes por medio de signos?, ¿la implantación de procesos semióticos a gran número de intérpretes? Además, como función, intensifica la socialización y la colaboración que le sigue tanto como el conflicto precisamente en la lectura de los signos personales e interpersonales.

Si consideramos que vida = comunicación, contemplamos entonces un aspecto que cubre variedad de cuestiones.
Es la habilidad de descifrar la comunicación en un área restringida, por ejemplo, lo que convierte a una persona en experto.
Las analogías extraídas del estudio del lenguaje pueden ser didácticas al describir otros sistemas, pero no terminan allí.
Veamos lo formal, lo informal, lo técnico, conjuntos, pautas, aislados.
Para decirlo de otra manera: coleccionar conjuntos es relativamente fácil, descifrar una pauta requiere otras habilidades: nuevos hechos específicos pueden ser muy diferentes y formar parte de la misma pauta.
Es interesante a modo de ayuda – lectura pensar en canas y bastones, en conjuntos similares de diferentes elementos en distintas culturas.

¿Qué es el conjunto?, el aspecto de la existencia que se percibe más rápido.
¿Qué es la pauta?, el plan organizativo que le da sentido, reglas culturales implícitas por el que los conjuntos se disponen de modo que adquieren significado.
¿Y el aislado?, una abstracción ilusoria que denota el tipo de componente con el que se constituyen otros.
“Cuando se trabaja con datos culturales…”, dice Hall, “sólo se puede ser preciso en un nivel analítico cada vez y además sólo por un momento”.
Lo que interesa son los puntos estructurales en los que se agrupa el comportamiento y que se sabe que están seleccionados o se cree que son los mismos.
Buscamos lo que nos permite a la mayoría, en una cultura determinada, distinguir: A = viejos de B = jóvenes.
¿Cómo comprobamos si determinado elemento dentro de un grupo es un aislado? Manteniendo todo lo demás constante y variando el elemento en cuestión a voluntad. Si cambia el sentido del grupo, entonces es un aislado.
Imaginemos un grupo ubicado en fila de espaldas a nosotros, todos vestidos iguales pero algunos con canas y bastón…
El aislado, en este caso son dos, es también un elemento clave de la pauta y lo que permite diferencias una pauta de otra.
¿Y de la experiencia? Es lo que ponemos de nosotros mismos a lo largo del ciclo vital en nuestra relación con la cultura en la que vivimos. También nos refiere a diferenciar a quienes tienen de quienes “no tienen experiencia” en el sentido de no aprendieron todavía las pautas de la misma cultura.
Hall responde diciendo que “es lo que el hombre proyecta en el mundo exterior cuando lo conquista, en su forma determinada culturalmente”.

La experiencia también nos enseña que las reglas informales se señalan cuando son violadas.

 

“¿A tu edad..?”

 

Es un señalamiento al que estamos expuestos de manera casi permanente.

¿Puede pensar a quiénes y en qué circunstancias se lo diría? ¿En qué circunstancias le ha sido dicho a Ud?
En las conductas informales, no tenemos letreros indicativos de límites de edad, ni a la salida ni a la entrada.
Una ley de orden: luego de adultos, adultos, viejos; antes de los viejos, jóvenes; al principio, sólo niños.
Ley de selección, las que cambian con el tiempo, lo que se ha vinculado por la costumbre: el largo del pelo a media que vamos cumpliendo años las mujeres, en algunas sociedades, es visible aunque no está escrita.
Ley de congruencia: son más vinculantes y sutiles: soy abuela tengo que actuar como abuela con mis nietos no como madre, de lo contrario soy sancionada.
Reconocer que un signo se ha empleado en el sentido propuesto es difícil: rara vez hay duda de que un chimpancé está usando un bastón para atraer la banana a su jaula; pero entre nosotros, también hay bastones de mando.
En el caso que me ocupa el bastón tiene mango curvo, retrato del cuerpo vencido por el peso del tiempo.

Veamos con más detenimiento lo que me dice el sentido común.
Es informativo: me permite ver en qué ambiente me encuentro; es valorativo de los rasgos del ambiente y me ayuda a la selección preferencial; es incitativo, ayuda a quien lo lleva; es sistemático, guía para organizar la conducta dentro de un todo o de otro.
Por ejemplo, si me encuentro con gentes que portan bastón me informa de su edad y me permite valorar su coraje, y su resolución, en distintos casos.
Luego yo elegiré ciertas series de respuestas antes que otras en mi intento de satisfacer mis necesidades en ese entorno.
Canas y bastones son identificadores, me dicen de ubicación tiempo y espacio; son designadores de características, apreciadores de categoría y prescriptores de las respuestas específicas.

¿Qué claridad tenemos respecto de canas y bastones? ¿son estímulos preparatorios? ¿son signos de dónde, qué, por qué y cómo?¿son guía de nuestra conducta en todos estos puntos?
Es nuestra creencia que signos como buen, mejor, lo mejor, óptimo son apreciadores de diferencias bastante bien establecidas.
Pensemos en vejez, lo viejo, lo más viejo… ¿es así de claro?
Lo que se aprecia puede ser medio o fin: una apreciación no es una significación, pero en términos de edad, lo es.

 

¿Cuál es la prescripción ante una persona con canas y bastón?

 

Escucha / no escucha, sabia / repetitiva, se debe / no se debe; útil / valiosa…
No me cabe duda que las prescripciones se basan en apreciaciones y éstas en afirmaciones.
Respecto a nuestros viejos, no siempre disponemos de aclaraciones a lo que los signos nos ofrecen… tal vez porque hoy ellos no están listos para darlas…
¿Será porque el plural es una abstracción…? y sólo existe cada viejo.
Cuando no tenemos aclaración a mano, relacionamos un signo con otros.
Vaya si canas dependen de bastones ¿no le parece?
Signos expresivos si los hay, por ahora, y dominantes y sinónimos, como si fuera poco.
Pero, ¿son suficientes para hablarnos de vejez?
Necesarios diría yo. Para que digamos “parece un viejo”, hace falta algo más.

“La habitual expresión facial de una emoción particular, en el extremo, cristalizará en una suerte de disposición muscular duradera del rostro, determinante de que la persona mire o parezca ligeramente disgustada o melancólica”. Tamkuis

En el índice de la obra de Sennet, “La corrosión del carácter”, veo el camino hacia ese rostro de vejez, como el adelanto de una película anunciada: a la deriva, rutina, riesgo, fracaso…
En los fáciles tiempos lineales, los logros son acumulativos y la tarea de quien los busca tiene sentido de generaciones: el padre sabe que su hijo va a continuar con su tarea y le alienta y aligera los escollos para que no tropiece con la misma piedra.
Hoy somos los autores exclusivos de nuestras biografías. Una emoción muy particular a la que se nos adscribe y no por edad individual, sino social. Se escribe en cada rostro con signos particulares de respuestas intransferibles, vitales.
Es el costo de la rapidez del cambio que se mueve con la energía “light” del desapego permanente.
Por eso no tenemos relato unívoco que nos organice y la consigna es hilvanar, el himno resistir…
Y van cristalizando en el rostro los efectos de la tarea… rutinaria en su ausencia de rutina… pero apaciguadora al fin, porque la falta de apego nos genera confusión.

Menos mal que en el domesticado mundo nuestro de hoy hay gentes para quienes el trayecto es más importante que la meta y son las que pueden sortear obstáculos y hacerse a un lado o no dejar que nada se les pegue: no tienen problemas por las certidumbres y en las pequeñas certezas encuentran el entusiasmo para seguir…
Entre ellos encontramos algunos de canas y bastones.
Cambio y aprendizaje son moneda corriente en sus trayectos. Asumen riesgos porque la teoría dice que rejuvenecen y sus pilas se cargan de manera permanente.

 

¿Desafían al destino?

 

No, porque todo cambio es una exposición al riesgo porque se desarregla el tiempo y el espacio con el movimiento.
La vida lo es, todo el tiempo que la tenemos.

Es probable que canas y bastones sean no sólo suficientes sino cada vez más necesarios para señalar una vejez que se nos va de las manos al mismo tiempo que la tenemos diseñándola a cada paso, haciendo las reglas mientras jugamos y el himno es ¡Chau Referentes!

“Los términos de clases interactivos se aplican a seres humanos y su comportamiento. Son términos de clases que presentan un efecto bucle, esto es, tienen que ser revisados porque las personas clasificadas de cierta manera cambian en respuesta al ser clasificadas”. Ian Hakiung

 

Bibliografía:

 

– Hall. e.t.(1989) “El lenguaje silencioso” – Alianza, Madrid.
– Morris, ch (1962) “Signos, lenguaje y conducta” – Losada, Buenos Aires.
– Sennet, r. ( 2000) “La corrosión del carácter – las consecuencias del trabajo en el nuevo capitalismo” – Anagrama, Barcelona.

 

Nota:

 

Este articulo es parte del trabajo final (inédito) para el curso SOCIOLOGÍA DE LA COMUNICACIÓN NO VERBAL del Doctorado “Cultura y Comunicación: una aproximación interdisciplinar” que cursara en Salamanca, en octubre 2002, EVALUACIÓN SOBRESALIENTE.
Hoy en 2019 desde Buenos Aires, lo reitero en su totalidad, como ejemplo del mínimo común consenso, fundamentado como eje de lo que he dado en llamar a partir del 2003 “PEDAGOGÍA VITAL: formación para la vida cotidiana”.

Experta en Gerontología de la Universidad de Salamanca, España, 2001. Me inicio en la práctica docente como ayudante - alumna cursando la licenciatura en psicología y continuo ininterrumpidamente hasta la fecha en instituciones públicas y privadas. La formación de la persona es mi leitmotiv, generando variadas propuestas para la realización de seminarios, talleres, cursos y jornadas, programas de radio y televisión con diferentes temáticas: relaciones humanas, educación permanente, tiempo libre, comunicación y diálogo, gerontología social, la vida cotidiana, ciclo vital-instituciones, marketing personal, liderando y trabajando en equipo, etc. La participación como conferencista y panelista en charlas, debate, foros, coloquios, asambleas, tiene como foco movilizar y promover las posibilidades de la persona, en vistas a su desarrollo individual y a la promoción de oportunidades que lo faciliten de manera permanente.

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