Valorar y proteger la belleza interna del ser humano

Hoy en día nos afanamos para ser atractivas y creer que en esto está la clave del éxito.

La sociedad lo promueve y la publicidad nos absorbe, la compramos y vamos notando sólo los logros externos.

El  físico se transforma en algo parecido a una cebolla, que con sus capas oculta nuestro verdadero “yo” como una forma de manipular el físico para conseguir el reconocimiento de los demás, nutrir el ego, controlar el poder sobre otros, etc., etc.



Es el caso de la persona “florerito” que busca la atención de los demás o el de la persona que cuida su imagen por el “qué dirán” o el de la persona “escaladora” que intenta alcanzar la cima sin importarle los medios que utilice para lograr sus fines, entre otros ejemplos.

Las capas que cubren a estas personas ocultan grandes miedos e inseguridades, traumas y experiencias negativas recibidas en los primeros años de vida.

 

¿Es posible manipular la belleza interna del ser humano?

 

Y de ser así ¿cómo se manipularía la belleza interna? 

Ambas bellezas son igualmente importantes y nacemos con las dos.

La belleza interna la encontramos muy claramente en los niños y por esto no hay nada más sublime y encantador que mirar a los ojos de los bebés, ya que en ellos está contenido todo lo más puro del ser humano.

Lamentablemente ya en los primeros años de existencia en este mundo comienza a jugar un rol importante en nuestras vidas el poder de la conciencia colectiva del entorno adulto, la cual, intoxicada, va introduciendo los vicios humanos en los más pequeños: la envidia, el rencor, el orgullo, la avaricia, las ansias de poder, etc., etc.

 

En nuestra adultez, lo ideal sería lograr un justo equilibrio entre belleza interna y externa ¿Cómo lo logramos?

 

Lo ideal sería poder llegar a un equilibrio entre ambas bellezas, la externa sería “el aceptarme tal cual soy” mientras que la interna sería “la que me fortalece y se irradia”. Esta última es la que podemos sentir en otras personas por sus valores y comportamientos, la que se percibe en la calidad humana que nos transmite paz y confianza.

Entonces, bajo esta forma de ver la vida, cuido mi cuerpo primero por mí y luego por los demás, no me intoxico con juicios o críticas de otros.

La belleza interna se manifiesta en una vida organizada y ordenada, cuando se cuidan las emociones nutriéndose de pensamientos positivos que fluyen como un bálsamo hacia los demás. 

Manifiesto mi belleza interna en cosas tan simples como cuando ofrezco mi tiempo para escucharte, para ayudarte incondicionalmente, o sea, sin expectativas y sin esperar nada a cambio. Cuando te miro a los ojos y te veo igual a mí, sin diferencias, sin rabia.

Entonces, esta potente energía se activa y podemos volver a recuperar el equilibrio entre ambas bellezas cuyo motor es el amor universal (Ver: Einstein habla de este amor en las cartas que le escribió a su hija y quien las daría a conocer 20 años después de su muerte).

 

¿Qué diría Dios de aquellos que han mancillado esa temprana belleza interna?

 

Hoy, en este destape emocional que afecta a nuestro mundo y país, que no tiene vuelta, sino que apunta a seguir purificando y denunciando los graves atropellos que muchos(as) han sufrido a causa del acoso y violencia sexual en la infancia, adolescencia, adultez y adultez mayor; todos tenemos la responsabilidad y lealtad con nosotros(as) mismos(as) para valientemente enfrentar a las instituciones y a los violadores de las víctimas.

Donde el control del poder estuvo, en general, en manos de hombres, ya sean representantes de Dios en la tierra u otros que ostentan el control por el solo hecho de ser hombres.



La humanidad tiene la responsabilidad hoy de hacerse cargo de esta dualidad, buscando el equilibrio entre lo interno y lo externo, entre lo terrenal y lo espiritual como un todo que pertenece a la esencia del ser humano.

En lo que a mi respecta, a todos quienes han dado la cara y se han atrevido a luchar por la propia restauración de su dignidad y, que han conseguido que el mundo haya tomado conciencia de las deplorables vejaciones a las cuales fueron sometidas,  mi más profundo respeto  y admiración.

¿Y qué opinas tú, estimado(a) lector(a)?

Los(as) invito a manifestar sus opiniones a continuación o en las redes sociales de Pensar Sin Edad

5/5
Laura Gajardo

Laura Gajardo

Soy una bloguera mayor, mi profesión actual es mi propia evolución personal, amarme a mí misma y poder compartir con otros lo que estoy aprendiendo, gracias a mi inquietud de estar siempre en la búsqueda de conocimientos, teóricos y prácticos. Valoro y agradezco los diferentes ciclos de vida pasados ya que, gracias a ellos, estoy hoy viviendo la etapa más feliz de mi vida.

Comparte en tu red social favorita:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *