fbpx
TOP

“Buen vivir” y “buen morir” desde la óptica de una mujer mayor

Desde que nacemos comenzamos a envejecer y -por lo tanto- a morir un poco. Desde esa perspectiva, la muerte, al ser algo que concierne a la vida misma, debiera ser algo de lo que hablamos con naturalidad y enfrentamos como un paso hacia “el otro lado”, sin alharacas y decisiones dramatizadas.

Nada más lejos de la realidad. Las últimas discusiones mediáticas acerca de la muerte digna nos han demostrados que esta sigue siendo un tabú en nuestro país. Esto, porque todos durante nuestra vida hacemos lo posible por “bypasear” tener que hablar del tema y, muchas veces, solo cuando ya tenemos a la muerte de frente (ya sea nuestra propia muerte, muertes en nuestro entorno o porque se está hablando mucho acerca de la muerte en los medios de comunicación) hacemos lo posible por reunir a nuestros seres queridos para -con mucha dificultad y quizás un poco tarde- manifestarles lo que deseamos que se haga (y no se haga) en el final de nuestra vida.



Un tabú iluminado eventualmente por los medios de comunicación

 

En el último tiempo, los chilenos nos hemos sentido golpeados por una serie de noticias que nos han obligado a poner foco en estos temas difíciles para muchos. El suicidio de una pareja de personas mayores, enfermos ambos, a los que se los iba a separar llevándose a la mujer a un asilo. Nos dan a conocer que, ante esta situación, la pareja decide suicidarse de una manera muy violenta. El grupo etario que más se está suicidando en Chile son las personas mayores y el motivo por el que más frecuentemente lo hacen, es la sensación de indefensión que sienten frente a una enfermedad terminal o fuertemente incapacitante.

 

Fuente: La Tercera

 

Yo me pregunto, por qué si ya es común “dormir” a un animal para darle muerte digna, a estos seres humanos se les deja en abandono y enfrentados a esta situación tan triste y dramática. ¿Quiere decir que ellos no tienen derecho a un buen morir? También podrían dormir un sueño tranquilo, infinito y digno. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que estos casos no ocurran? ¿Acaso las personas después de ser productivas -cuando ya están retiradas- no sirven y tienen menos valor que una mascota?

Otra noticia relacionada con el tema. Un profesor muere atrapado en las escaleras de un moderno edificio. Yo me pregunto: ¿por qué una persona joven de 63 años, con dificultad cognitiva, queda sola tanto tiempo? ¿No lo buscaron? ¿Por qué pasaron 5 días antes de encontrarlo? Qué triste final para este profesor universitario.

 

Para que nuestras necesidades sean tomadas en cuenta, debemos dejar de ser invisibles para el resto

 

La penosa realidad que pone en evidencia estas noticias y muchas otras relacionadas, es que cuando nos volvemos “gente grande” estamos en peligro de hacemos invisibles para el resto de la sociedad, y en poco tiempo más seremos muchos más los invisibles en este país, dado el envejecimiento acelerado de la población.

Es urgente que tomemos medidas que nos protejan y ofrezcan soluciones a nuestras necesidades, antes de la misa del funeral. Nuestro buen vivir y buen morir, en parte, depende de nosotros(as) mismos(as). No nos sirve que se hable de nosotros(as) y nuestros deseos cuando nuestro nombre figure en el obituario.

Tenemos que recordarles a nuestra familia que es AHORA cuando queremos un trato conforme a nuestra dignidad humana, no nos valen las flores en el cementerio… bueno, también son lindas en ese momento, pero tenemos temas urgentes que solucionar antes de transformarnos en abono.




 

¡Pongámonos en acción!

 

Los invito a que en la próxima reunión familiar que tengan les pregunten a sus hijos(as), esposo(a), si hay algún procedimiento médico que no quieran que se les practique o algún soporte vital que deseen suspender, en caso de una muerte inminente. ¡Ya abriste el tema! Aprovecha esta estupenda oportunidad para especificar tus propias voluntades anticipadas y, si puedes, déjalas por escrito.

Les cuento que en mi caso yo he instruido a mis seres queridos sobre qué hacer en caso de muerte inminente y que después de muerta debo ser cremada. Quiero que mis cenizas sean esparcidas donde están mis seres queridos: mi querida tía Carmen y mi marido, en el Cerro Mauco, así como en el mar.

Por fin podré aprender a nadar, y lo más importante, quiero música y canto. Yo también estaré cantando con ellos(as). Mientras me recuerden yo no me habré ido, solo estaré “del otro lado”. Además, tengo una carta de despedida y agradecimiento para todos los(as) que nos acompañen en el día de mi despedida.

Es posible que después de leer este artículo, pienses que me tomo el tema con demasiada ligereza, pero es porque no creo que con la muerte se acabe nuestra existencia. Cuando hemos dejado huella en nuestros seres queridos, junto a ellos trascenderemos.

 

“No somos el mar, pero si una gota de él “, “somos polvo de estrellas” como diría el astrónomo chileno, José María Maza.

 

*Este artículo se enmarca en el Proyecto Blogueros Mayores 2.0, financiado por Tena Chile. Conoce la marca aquí

Dicen que cuando era chica recitaba en los actos del colegio. Siempre hice mucha actividad social y cursos de todo tipo: desde el cuidado vocal hasta baile entretenido, salsa, hidrogimnasia, modelaje, etc., etc. Actualmente sigo igual; me encanta aprender, cuidar de mi nieta, pero por sobre todo me gusta estar donde quiero estar y disfrutar mucho de todo mi quehacer, viviendo los mejores años de mi vida. Me declaro feliz y agradecida.

Publicar un comentario

Cart Item Removed. Undo
  • No products in the cart.