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Aventurarse a salir de la “zona de confort” después de los 60

A diferencia de lo que puedan creer algunos, la edad madura es una etapa de grandes retos y de mucho dinamismo, destinada a estimular la creatividad, revitalizar proyectos y continuar con el desarrollo personal.

 

“Ya hiciste mucho, ahora te toca descansar”

 

Hace no mucho tiempo, hablar de adultez mayor era sinónimo de hablar de pasividad, quietud y conformismo.

Se esperaba que a partir del cumplimiento de su rol como sustento familiar, es decir cuando l@s hij@s ya los dejan de necesitar para subsistir, l@s adult@s mayores comenzaran -poco a poco- a bajar su grado de actividad, para así iniciar la tranquila espera del fin de la vida… De ahí salió la expresión estar “esperando la carroza” y de ahí que los sociólogos señalen que antes de la muerte biológica, l@s adult@s mayores suelen vivir una muerte social.

Se creía que este descenso de la actividad era beneficioso, bajo el supuesto que l@s adult@s mayores presentan dificultades para adaptarse a los cambios que acarrea la madurez en los ámbitos biológicos, psicológicos y sociales, así como también frente a los cambios de nuestra sociedad global ultratecnologizada.

 


No todo está perdido

 

Hoy la psicogerontología ha constatado que con una eficiente utilización de los recursos y habilidades psicológicas, sociales y culturales que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, somos capaces de anticiparnos y desarrollar estrategias para una adaptación exitosa.

Por mucho tiempo para la biología, la psicología y la sociología, entre otras disciplinas afines, no existía la madurez, ¿por qué?, simplemente porque nadie llegaba a experimentarla.

Durante gran parte de la historia de la humanidad la gente no lograba vivir más que 50 años. Los procesos modernizadores que se iniciaron en el siglo XIX hicieron que, en los países más desarrollados del mundo, las personas lograran sobrevivir hasta edades cada vez más avanzadas, lo cual desembocó en que, a mediados del siglo XX, por fin pudiéramos iniciar el estudio sistemático de las nuevas etapas del desarrollo humano.

Estos primeros intentos por caracterizar la edad madura y la adultez mayor, desde las perspectivas biológica, social y psicológica, rápidamente llegaron a la conclusión de que se trataba de una tarea mucho más compleja…

Los cambios de la madurez son complejos, no en el sentido de “trágico” o “catastrófico”, como alguien podría verse tentado a decir, sino porque implican una serie de relaciones sistémicas que involucran a la persona por completo, como órgano multifacético: biológico, sintiente, pensante y relacional.

Estos cambios, se manifiestan en el área cognitiva y funcional.

 

Los cambios físicos

 

Suelen ser lentos y paulatinos, permitiendo que la persona vaya reconociendo las modificaciones y limitaciones, aceptando, por ejemplo, la nueva imagen corporal, compensando y adaptando: aparición de canas y arrugas, disminución del tono muscular, deterioro de los sentidos, etc.

Que los cambios físicos que se producen con la madurez sean lentos y paulatinos facilita el reconocimiento de las modificaciones y limitaciones por parte de la persona que vive estos cambios, siendo la idea clave en esta etapa y en este ámbito, aprender a quererse con la nueva imagen corporal que se va teniendo y adaptar las respuestas del organismo.

El cuerpo no es un enemigo al cual combatir o ante el cual rendirse, sino un aliado al cual observar, escuchar, sentir, cuidar, ayudar, respetar (hacer respetar) y querer.

Por otro lado, las modificaciones en el ámbito psíquico –pensamientos, intelecto, emociones, conductas– no siguen una tendencia al declive.

 

Los cambios psíquicos

 

Las manifestaciones psíquicas de los seres humanos tienen su origen en el cerebro y aunque este envejece, posee la capacidad para compensar la mayoría de los cambios propios del paso del tiempo en lo que a rendimiento intelectual se refiere.

Por otra parte, los pensamientos y las emociones no envejecen.

Si bien la neuronas tienen escasa capacidad de reproducción y además tienen una menor oxigenación, nutrición y velocidad de transmisión y transducción de la señal que se envían entre ellas, a medida que pasa el tiempo, la plasticidad cerebral es la responsable de que las funciones intelectuales varíen poco a lo largo de la madurez y la vejez.

 

La plasticidad cerebral

 

Es la capacidad que posee el cerebro de adaptarse a las necesidades de rendimiento, a través de la optimización del uso de las redes neuronales, generando nuevas y mayores conexiones entre ellas.

El uso y ejercicio de las funciones cerebrales, es lo que en definitiva motiva el aumento de la prolongaciones de las neuronas. Personas que no ejercitan dichas funciones, logran menor plasticidad y por consiguiente, menor capacidad de adaptación. Por eso se recomienda tanto leer, realizar ejercicios matemáticos tipo sudoku, tener conversaciones intelectualmente estimulantes, etc.

 

La atención y la concentración

 

Se conservan a lo largo de los años, la inteligencia se mantiene o se incrementa en los sujetos que se desempeñan en labores intelectualmente exigentes.

Así mismo, los conocimientos y recuerdos almacenados en la memoria, permanecen inalterados, si el cerebro no ha sufrido daño por causa de alguna enfermedad.

Estamos hablando de una persona mayor sin demencia, es decir, estamos hablando sobre lo que sucede cuando se vive un envejecimiento normal, no patológico.

 

La capacidad de aprendizaje

 

Lo único negativo en el ámbito de lo cognitivo, es que las personas mayores requieren de más tiempo para aprender cosas nuevas.

Si bien hay una mayor lentitud para memorizar información nueva a causa del envejecimiento, esto no debería ser impedimento para el aprendizaje permanente a lo largo de la vida.

Si la metodología de enseñanza considera la información disponible acerca de este punto y se adapta a las necesidades de las personas mayores, estas pueden seguir expandiendo las fronteras del conocimiento hasta el final de la vida.

Por eso es tan importante que tengamos más programas con foco en la educación de las personas mayores, la gerogogía y/o la andragogía, ya que si no nos ocupamos de hacer desarrollos en dichos ámbitos, no estamos ayudando a las personas mayores para que superen esta barrera que se les presenta en el ámbito psíquico y del aprendizaje.

Ahora que conocemos los cambios que se producen en las dimensiones física y psíquica de las personas mayores, podemos llegar a las siguientes conclusiones preliminares:

 

  • La edad madura es una etapa del ciclo vital, por mucho tiempo inexistente e invisibilizada.
  • El envejecimiento no es sinónimo de deterioro.
  • El proceso de envejecimiento es diferente para todos, y en gran parte depende de nuestra historia de vida, pero también de nuestras condiciones económicas, sociales y culturales.
  • La capacidad de adaptación está presente en todos los seres humanos y está allí para permitirnos sortear con éxito el envejecimiento a nivel físico y psíquico.
  • Están todas las condiciones para seguir siendo productivos y creativos en la edad madura.

 

Mis estrategias para adaptarme a los cambios

 

Las primeras señales de envejecimiento físico iniciaron en mí al rededor de los 30 años, por lo que desde el principio sentí que tendría bastante tiempo para ir acostumbrándome a mis cambios físicos y para comenzar a generar mis propias estrategias de adaptación, como por ejemplo, ejercitarme más para aumentar mi porcentaje de músculo v/s mi porcentaje de grasa corporal, para así contrarrestar la pérdida natural que comenzaré a experimentar en las próximas décadas.

Otra estrategia sería comenzar a comprender todas mis emociones, adaptándolas y validándolas todas, inclusive las socialmente desacreditadas; como el enojo, el miedo y la pena.

Lo importante es que esto no te tome por sorpresa, que no sea demasiado tarde para desarrollar estrategias que te permita lograr el envejecimiento que deseas tener.

Para mi, estos planes y proyecciones son solo ejemplos de responsabilidad personal.

Soy de las que cree que -en gran parte- está en mis manos ser feliz, estar sana y vivir muchos años con buena salud.

Soy de las que cree que caer en una situación de dependencia y discapacidad no es tan azaroso como se piensa y que, por ningún motivo, es algo que le tenga que pasar a todas las personas cuando envejecen.

 

Si están todas las condiciones… ¿Por qué sigue siendo tan poco común ver adult@ mayores destacando en el plano de la creatividad y la innovación?

 

Estamos acostumbrados a que artistas e intelectuales estén constantemente creando hasta el final de la vida… Ahora sabemos que no solo ellos, sino que que tod@s l@s adult@s mayores podrían estar persiguiendo nuevas metas hasta el final de la vida.

Lo que es común en artistas, deportistas, intelectuales… es que siempre están intentando ir un paso más allá, queriendo atravesar la frontera de lo que conocido. En otras palabras, siempre están siempre tratando de salir de su “zona de confort”.

 

La “zona de confort”

 

La “zona de confort” es como un “lugar” donde la persona siente que se puede desenvolver bajo su entera confianza. Es un lugar en el que la persona se siente fuerte y seguro porque se trata de un entorno conocido que domina a la perfección.

Más allá de las rutinas que hacen sentir cómodo, está la “zona de aprendizaje”, lugar donde se encuentran todas aquellas actividades que le generan interés en la persona.

Es posible salir de la “zona de confort” hacia la “zona de aprendizaje” porque el ser humano necesita y siente placer cuando se pone a conocer cosas nuevas, esto sí es parte de nuestra naturaleza humana.

Sin embargo, dado que comúnmente se asume que el aprendizaje es algo propio de la juventud, la gente ha creído, por mucho tiempo, que ir a la “zona de aprendizaje” no debería ser frecuente en las personas mayores.

En la “zona de aprendizaje” se aprenden conocimientos, técnicas y estrategias nuevas, que a medida que se ponen en práctica, se van haciendo parte de la persona. Se interioriza lo aprendido y la “zona de confort”, como si fuera un círculo que cada vez va abarcando más lugar, se va ampliando.

No es malo tener un lugar “conocido” donde volver siempre que queramos, pero permanecer mucho tiempo allí nos hace flojos y dificulta la capacidad de hacer frente a los cambios propios del envejecimiento y a los cambios que ocurren en la sociedad actual.

Una persona que no quiere o no puede salir de su zona de confort estará más predispuesta a pensar la vejez de forma estereotipada, como una etapa negativa en la que se ha perdido el control y ocurren sólo catástrofes, también como momento para la quietud y de repliegue social.

Se asumen los cambios propios del envejecimiento como cosas que ocurren totalmente fuera de mi control y pérdidas irrecuperables frente a las cuales no se puede hacer nada y, mucho menos, soñar con otra cosa.

“He trabajado toda la vida y ahora toca descansar”  Personas mayores con muy buena salud, que están viviendo un envejecimiento normal, sin ningún obstáculo físico ni psíquico, quieren descansar y quedarse en su “zona de confort”.

Otra cosa que escucho más frecuentemente de lo que quisiera: “hay que darle espacio a los jóvenes, ahora es el tiempo de ellos” ¡Pero si hay espacio suficiente para todos!

 

Beneficios que obtendrás al salir…

 

Salir de la zona de confort es muy bueno para la autoestima porque hace sentir vivo y en control de la propia vida. Permite el desarrollo y además:

  • Expandir los círculos sociales.
  • Construir más autoestima.
  • Aumentar la autoconfianza.
  • Aumentar el autoconocimiento.
  • Sentirse más confortable frente a lo desconocido.
  • Ver los viejos problemas de forma diferente.
  • Reaccionar mejor ante lo inesperado.
  • Ver el futuro de forma positiva.
  • Desarrollar nuevas habilidades.
  • Ser más creativo y productivo.

 

No tengas miedo…

 

En ocasiones, salir de la zona de confort genera miedo y desconfianza, debido a las incertidumbres, riesgos y peligros que se puedan presentar al tomar la iniciativa y hacerse responsable de lo que venga como consecuencia.

Por un tema de supervivencia, amamos la seguridad y la predictibilidad de la cosas, pero ¡ya no estamos en la época de las cavernas!

También se teme ser juzgados por otros al ir “en contra de la corriente” o de lo socialmente esperable, para una persona de “cierta edad”. Se tiene mucho miedo al “qué dirán” si se llega a fallar.

No es poca cosa asumir riesgos, pero ya sabemos que las personas mayores están totalmente habilitadas para hacerlo.

Para que “salir de la zona de confort” deje de ser un concepto dirigido únicamente a jóvenes emprendedores, necesitamos que todos comencemos a creer que dicho acto de valentía también es posible en l@s adult@s mayores, entendiendo que los cambios que se producen en esta etapa del desarrollo humano son en su mayoría benévolos, porque sacan a relucir nuestra capacidad de adaptación, así como la curiosidad y creatividad humana.

Socióloga (Universidad de Valparaíso) y Máster en Gerontología, Dependencia y Protección de los Mayores (Universidad de Granada). Más conocida en redes sociales como Javiera La Envejeciente. Fundadora y Directora de Pensar Sin Edad - Revista Digital, influencer en envejecimiento y adultez mayor, activista en favor de los derechos de l@s adult@s mayores y del derecho de tod@s a envejecer con calidad de vida.

Comentarios (8)

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    Aura Estela Quijada

    Me gusta mucho tu artículo, me aclara muchas dudas . Excelente Gracias 😊

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    Julissa Valerio Salas

    Gracias por su articulo muy interesante para quienes estamos integrándonos a un estilo de vida mas inclusivo en el cual podamos atender de la mejor manera y generar calidad de vida a la persona adulta mayor.

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    Constanza

    Javiera, me encantó el artículo, lo compartiré con mis padres. Un abrazo!
    Constanza C.

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    Manuel Cespedes

    Hola Javiera :
    Mi amigo y compañero Miguel Farias,me envió esta página, sobre el adulto mayor y creo que es una enorme información para muchos abuelos y abuelas, llamémoslo así , ya que la tercera edad suena un poco como a la tercera dimensión , algo extraterrestre.
    Yo vivo en Estocolmo y hemos trabajado con el doctor Luis Alberto Civalero, fue cirujano y estudio más de 45 años el cerebro humano y así creamos un instituto Sueco- Latino, donde en algunas Universidades del pueblo como se llama aquí,es algo parecido al DUOC en Chile.
    El doctor a dado clases a latinos y extranjeros sobre “ El mundo interno del ser humano “ “ Que es el pensar “.
    También nos hemos dado cuenta que a los chilenos no les gusta mucho leer y aprender, seguramente encuentran que estos temas son difíciles de entender, quizás.
    De todas maneras seguiré leyendo y le haré saber a Luis Civalero, que hay otras maneras y fórmulas de atraer y enseñar a los abuelos y bisabuelos, para que entreguen por lo menos a la sociedad sus experiencias.
    Saludo fraternalmente Manuel Cespedes
    cespedes.rivera@gmail.com

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    Juan Antonio Arauz Ferrer.

    Muchas gracias. Excelente articulo.

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