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Riego de suicidio en las personas adultas mayores: 5 señales de alerta

A propósito de la amplia cobertura mediática de los casos de suicido protagonizados por personas adultas mayores en el último año en Chile, hemos podido darnos cuenta que uno de los asuntos más expuestos pero menos abordados con seriedad respecto de la adultez mayor, son los dolores y angustias que pueden llegar a vivirse en esta etapa de la vida.




 

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Un punto realmente importante en este sentido es que muchas veces la persona que se plantea dejar de existir, no quiere realmente morir y buscar el suicidio. Lo que en verdad quiere es poner fin al dolor, que -al parecer- es superior a los recursos que posee en el momento, para enfrentarlo. Generalmente, “piden ayuda” mediante señales casi imprescriptibles para quienes no están atentos.

Haciéndonos cargo de esta deuda, vamos a explorar algunas señales que deben alertarnos sobre el riesgo de suicido en una persona adulta mayor

 

Un fenómeno multifactorial

 

Antes de introducirnos en el tema, deben saber que el suicidio es un fenómeno de gran complejidad y de naturaleza multietiológica. Conocer los factores de riesgo, las señales de alerta, puede contribuir a identificar los segmentos donde el riesgo es mayor y, por otra parte, atenuar el peligro y favorecer al diseño de políticas públicas.

Al aumentar y/o combinar los factores de riesgo, se potencia la fragilidad del individuo a una determinación suicida.  

 

Señal 1: Presentar sentimientos de desesperanza, falta de sentido de vida

 

Cuando una persona adulta mayor muestra inconformidad con su vida o con la forma en la que está viviendo actualmente, como si no tuviera esperanza o un sentido para su vida.

Hay que tener “ojo” si, como amigo o familiar de una persona adulta mayor o profesional que trata con personas de este grupo etario, escuchamos algunas de las siguientes frases: “no vale la pena vivir así”, “llegué a esta etapa de la vida y no quiero continuar de esta forma”, “estoy cansado de esta vida”. Hablar también de sentirse vacío, no tener una motivación para vivir.

Ante este tipo de conversaciones necesitamos ir agudizando el oído para así poder escuchar con mucha empatía la llamada de auxilio que esta persona adulta mayor nos está queriendo hacer llegar.

 

Señal 2: Manifestar sentirse una carga

 

Cuando una persona adulta mayor se está sintiendo como una carga para los demás, para su entorno familiar o para cualquier otra persona que esté cerca suyo, puede emitir las siguientes frases características: “yo soy una carga para ustedes” o “yo no sirvo para nada”…

Esta persona podría llegar a sentirse así por estar sufriendo algún tipo de enfermedad o condición que esté afectando su funcionalidad o por estar sufriendo un problema económico al recibir una jubilación que lo empobrece. Si la persona comienza a sentir que ya no es útil para su entorno, puede escalar las señales, articulando frases como: “¿sabes qué?, ya no quiero ser un estorbo para ustedes”, “es mejor que yo me vaya, no esté aquí mañana”. Ahí es cuando uno tiene que estar atento y preguntar: “¿irse para dónde?” y aprovechar para conversar con esa persona, interpelando, por ejemplo, con un: “percibo que no te sientes bien y quisiera saber de qué forma piensas solucionar lo que está pasando contigo”. Así se abre un espacio para hablar sobre una posible ideación suicida. Hablar sobre el suicidio puede salvar una vida.  

 

Señal 3: Haber perdido seres queridos y sentirse aislado

 

En la adultez mayor es común experimentar pérdidas de seres queridos. Ante la pérdida reciente de un familiar o una persona muy cercana tenemos que estar atentos al cómo la persona adulta mayor está viviendo esta experiencia.

La tristeza, el duelo es un proceso natural, sin embargo, cuando este duelo no es elaborado adecuadamente, los síntomas de tristeza son duraderos e incapacitantes. Cuando la persona se está aislando socialmente, dejando de participar en alguna actividad en la que era común verla participar, es importante buscar un apoyo profesional. Pues, lo que la persona está mostrando puede ser indicio de que está enfrentando una depresión y, además puede estar presentar ideaciones suicidas.

 

Soledad acompañada

 

Por otro lado, hay personas mayores que aún viviendo junto a su familia pueden llegar a sentirse tremendamente solas. Son personas mayores que dentro de las dinámicas habituales del hogar (por ejemplo, en torno a la mesa) no cuentan con espacios para ser escuchados y tomados en cuenta por las personas que los rodean, lo cual también los pone en una situación de riesgo.

 

No toda soledad es mala

 

Sin desmedro de lo anterior, aquí no queremos estigmatizar todas las soledades. Hay personas adultas mayores que disfrutan mucho de vivir solas y lo pasan muy bien así. En verdad necesitamos prestar especial atención a aquellas personas que, no acostumbrando a vivir y desenvolverse solas, poco a poco van perdiendo el contacto con su entorno familiar, comunitario y social.

Vivir solo no es igual a vivir triste, ya que esa persona adulta mayor que vive sola puede tener una nutrida actividad fuera de casa, tener buenos amigos y sentirse bien consigo mismo. En fin, son personas con una personalidad más independiente, pero no por ello desconectada del entorno. 

 

Señal 4: Presentar un cuadro de enfermedad crónica, dolorosa e incapacitante

 

Todos podemos ser diagnosticados un día con una enfermedad grave con mal pronóstico, eso puede ocurrir con cualquier persona a cualquier edad. Lo importante en este factor de riesgo es cómo cada persona se toma este tipo de noticias. 

Frecuentemente veo que las personas mayores sienten mucho temor de perder su funcionalidad y su autonomía, entonces tenemos que estar muy atentos de las personas que reciben un diagnóstico médico de estas características, porque podrían no tener las herramientas para lidiar con esta nueva situación.

 

Señal 5: No poder lidiar con los cambios propios de la madurez y esta nueva etapa

 

La última alerta se relaciona con un fenómeno mucho más común en nuestro país, que es la jubilación.

Ustedes me podrán decir “pucha, Ana ¡¿pero con sólo el hecho de jubilar ya estoy en riesgo de cometer un suicidio?!” No, aquí nuevamente el tema es cómo la persona mayor está enfrentando su jubilación y este cambio vital asociado a la madurez.

Es sabido que la jubilación y los cambios asociados a la madurez suelen afectar más fuertemente a los hombres que a las mujeres. Los hombres adultos mayores tuvieron una vida más “trabajocéntrica” durante su adultez, lo que provoca que recién jubilados vean complicada la definición de una identidad y un sentido a partir de elementos que estén fuera de su vida laboral, que ahora se encuentra en el pasado. No poder cumplir con esta tarea de forma efectiva puede llegar a generar desorientación, bajo ánimo y hasta depresión y riesgo de suicidio. 

Esto no quiere decir que las mujeres jubiladas no puedan sentir este sentimiento de no saber qué hacer con esta nueva etapa de la vida. Al final va a depender de cada biografía y del lugar en que puse el trabajo en mi vida. Si yo lo puse en un papel demasiado central, cuando se produzca este cambio hacia la adultez mayor, todo se sienta más duro y es probable que no sepa qué hacer.

 

La mujeres estamos algo más preparadas para afrontar positivamente este factor

 

Las mujeres habitualmente somos “multitarea”. Entonces, una adulta mayor puede ayudar a cuidar a su nieto, puede salir con sus amigas y tener variedad de otras actividades fuera de casa, que llenan de sentido su nueva etapa de la vida. Mientras que la mayoría de los varones quedan sin esa posibilidad.

Incluso hay una película chilena que ilustra muy bien este fenómeno. “El regalo” de Cristián Galaz y Andrea Ugalde, protagonizada por Nelson Villagra, Julio Jung, Jaime Vadell, Delfina Guzmán, Gloria Münchmeyer y Héctor Noguera.

Esta película habla precisamente de esto y sobre la importancia de estar atentos, con una escucha muy empática, a esa persona que podría mostrar “no saber qué hacer con su vida” luego de la jubilación.

 

¿Qué hacemos ante las señales de alerta?

 

Dado que debemos procurar dar ayuda oportuna a la persona adulta mayor que está pasando por una situación que le está causando dolor y que lo está poniendo en riesgo de suicidio, lo primero es lograr escuchar a esa persona adulta mayor.

Tanto si eres un familiar, un amigo o un profesional, la escucha real implica no invalidar lo que la persona mayor te está diciendo. Si una persona te está contando que no se siente bien o que no quiere más con su vida, no puedes responderle con frases del tipo… “¿cómo vas a sentirte así?, si la vida es tan linda”, “pero si tú nos tienes a nosotros, que somos tu familia”, “yo que tú estaría feliz con el solo hecho de estar vivo”, “si yo fuera tú, ¡qué haría con tu tiempo libre!” o “¿qué esperabas? eres una persona mayor que ya vivió lo que tenía que vivir”…

Esto es todo lo que no se tiene que hacer. Las personas pueden tener buenas intenciones, sin embargo, estos tipos de reacciones tienen que ver con sus propios miedos y lo que hacen es aumentar el dolor en vez de ayudar a estas personas.

Lo que se tiene que hacer es escuchar empáticamente a esta persona, sin juzgarla, acogerla, validar sus sentimientos, llevando “en serio” cualquier amenaza suicida.

Se debe preguntar sobre el suicidio, uno de los grandes mitos es que, al preguntar, se puede llegar a “colocar” esa idea en la cabeza de la persona, pero si ella habla algo es porque esta persona ya estaba pensando en esto hace tiempo.

Sea directo pero sin confrontaciones y ayude a esta persona a encontrar soluciones. Si es necesario, involucre a otras personas (familiares, amigos, etc.) y ayude a esta persona a buscar un apoyo profesional.

 

Los profesionales de atención también requieren un “olfato entrenado”

 

Y esa ayuda profesional también tiene que pasar por la escucha empática, porque yo conozco a muchas personas adultas mayores que se quejan que cuando van a buscar ayuda con su médico en el consultorio, queriendo decir o mostrar que no se encuentran bien, que están con bajo ánimo, etc., etc. Les dicen: “eso es muy natural entre las personas mayores” o “¿qué espera usted, si ya está viejo?”, “es normal no sentirse con ánimo”, “hay que acostumbrarse, este fin de la vida”… Entonces, este tipo de actuación no es aceptable y si uno está acompañando una persona mayor a la consulta con el profesional, no puede aceptar este tipo de trato.

Hago un llamado a los profesionales que están leyendo este artículo para que busquen desarrollar una escucha empática que pueda coger -de alguna forma- a esa persona mayor que está mostrando ideaciones suicidas. Ayudarla dentro de sus capacidades y habilidades y -en caso contrario- saber derivar al profesional que realmente pueda ayudarla, como un facultativo del área de salud mental. 

Entonces, podríamos decir que otro factor que pone en riesgo de suicidio a las personas mayores es el “viejismo”, que permea el actuar de diversos profesionales que generalmente tratan con ellos en distintos contextos, tanto sociales como sanitarios, pero que no están preparados para detectar las señales que acabamos de mencionar. 

 

Reflexiones finales

 

En nuestra sociedad, la vejez es percibida como una etapa predominantemente negativa, en la que prevalece la decadencia de las funciones físicas y mentales. Lo que más fuertemente tenemos que combatir es ese estigma, pues constantemente vemos casos en que los propios adultos mayores pasan a creer que son impotentes e inútiles, lo que puede generar una prematura pérdida de autonomía, mayor índice de depresión, inclusive suicidio.

Es imprescindible crear una sociedad inclusiva, donde las personas mayores que están sufriendo, empiecen a ser escuchadas y tratadas como se debe: ¡con dignidad!

 

Psicóloga, experta en psicogerontología, fundadora y directora de la Fundación Míranos, cuyo objetivo es la prevención del suicidio en las personas adultas mayores.

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