Un bello país llamada Escuela: relato de una profesora infatigable

Es por todo esto que no me he jubilado, porque me gusta lo que hago y sin los abrazos y esas vocecitas bellas, mi corazón se muere y se seca. Creo que aún me queda mucho que aportar a nuestros niños y aún me queda mucho que aprender de ellos, pero, sobre todo, recibir ese amor que regalan con generosidad.
Siempre he pensado que Dios me habla a través de los niños.