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Medio centenar de personas participaron el día de ayer en el Seminario "Medios de comunicación, personas mayores y enfoque de género" iniciativa convocada por el medio de comunicación digital, Pensar Sin Edad, con la colaboración de la Escuela de Comunicaciones

Hoy en el año 2018, en pleno siglo XXI, estamos viviendo una etapa en la historia de la humanidad que nos lleva a reflexionar acerca de cómo vamos caminado hacia un nuevo estado de madurez propio del cambio, acerca del avance de una especie que está en continuo progreso y acerca de cómo en cada etapa del crecimiento, existen crisis que nos desafían a adaptarnos a nuevas realidades.

Todos nos estamos dando cuenta que en este bellísimo momento del camino hacia el progreso, las mujeres  estamos  siendo protagonistas.

Quienes estamos viviendo hoy nuestra adultez mayor (otra gran fase de nuestras vidas que tal vez llegó rápidamente, casi sin darnos cuenta), llevamos siempre con nosotras, los múltiples papeles que hemos desempeñado como mujeres a lo largo de nuestra vida: estudiantes, madres, compañeras, trabajadoras, entre otros tantos roles. Todas estas experiencias y conocimientos están aquí acompañándonos en esta etapa tan desafiante para nosotras mismas y para la sociedad que nos acoge.

Pregunta: ¿Por qué es importante observar y analizar lo que dicen (y no dicen) los medios de comunicación acerca de las personas mayores?

Respuesta: Simple, porque los medios de comunicación son unos de los mayores agentes culturales de la actualidad, y la imagen que difunden sobre la vejez va construyendo la forma en que percibimos a las personas mayores y las expectativas que tenemos acerca del envejecimiento y la adultez mayor. La Región de Valparaíso es la más envejecida de Chile y solo en las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar hay casi 122.000 personas mayores de 60 años, de las cuales alrededor de 70.000 son mujeres.  Cuantitativamente, las personas mayores son insoslayables, así como la feminación de la vejez y que superar los 60 años ya no sinónimo de deterioro, sin embargo las imágenes que proyectamos acerca de estas personas a través de los medios de comunicación tradicionales, siguen centrándose en la vulnerabilidad de este grupo.  Los medios no parecen tener interés en mostrar la variedad de realidades que podemos vivir al envejecer, y mostrar un envejecimiento sesgado solo promueve el trato asistencialista de este grupo, inhibiendo la aparición de oportunidades para una mayor actividad social.  Esto es especialmente grave en el caso de las mujeres mayores, quienes siguen sufriendo el peso de la cultura patriarcal y desean ser parte de la lucha en pro de la igualdad de género.

Hace no muchos años en Chile hemos comenzado a hablar de Finlandia a propósito de su sistema educativo, uno de los más inclusivos y efectivos del mundo. Todos queríamos copiar el modelo. Incluso algunos parlamentarios viajaron al país europeo para traer la "receta", sin embargo, este país nórdico no sólo destacaba por los avances e innovaciones que aplicó a la educación de sus habitantes, sino que también en cuanto a la aplicación de un enfoque comunitario y en derechos para el tratamiento del envejecimiento de su población.

Desde que nacemos comenzamos a envejecer y -por lo tanto- a morir un poco. Desde esa perspectiva, la muerte, al ser algo que concierne a la vida misma, debiera ser algo de lo que hablamos con naturalidad y enfrentamos como un paso hacia "el otro lado", sin alharacas y decisiones dramatizadas.

Nada más lejos de la realidad. Las últimas discusiones mediáticas acerca de la muerte digna nos han demostrados que esta sigue siendo un tabú en nuestro país. Esto, porque todos durante nuestra vida hacemos lo posible por "bypasear" tener que hablar del tema y, muchas veces, solo cuando ya tenemos a la muerte de frente (ya sea nuestra propia muerte, muertes en nuestro entorno o porque se está hablando mucho acerca de la muerte en los medios de comunicación) hacemos lo posible por reunir a nuestros seres queridos para -con mucha dificultad y quizás un poco tarde- manifestarles lo que deseamos que se haga (y no se haga) en el final de nuestra vida.

A continuación les voy a contar la historia de nuestra lucha que aún no finaliza, la lucha por recuperar definitivamente nuestras pensiones.

Como  hábito de cada principio de mes, me dirigí una vez más al Banco de Brasil (ubicado en la Avenida Apoquindo de Santiago) para tramitar el pago de mi pensión. No esperando nada fuera de lo usual, miro sin mucha atención el comprobante de cuenta corriente que me entregaron y me encuentro con que el monto que había sido depositado por INSS Previdencia Social de Brasil era un 25% menor a lo acostumbrado. Mi sorpresa era mayúscula y por supuesto quise obtener respuestas en el momento, de la misma sucursal bancaria. Sin embargo, no fue posible y pensando lógicamente, no era la entidad que debía aclarar lo que había ocurrido.

Desde hace un tiempo estoy preocupada del abismo que hay entre las personas mayores y los jóvenes de este siglo XXI, situación que me afecta personalmente ya que yo misma me había negado a tomar conciencia que la sociedad en la que vivo se desarrolla en la actual era digital. Esto me sitúa dentro de un grupo de personas que se encuentran marginadas de los canales de comunicación más utilizados por las generaciones más jóvenes, al margen de la comunicación socialmente acreditada.

¿Estábamos preparados para esto? ¡No!! Hace menos de 2 décadas nada de esto existía, había otros códigos de comunicación y la educación recibida por nosotros no incluía a las Tecnologías de la Comunicación y la Información (TIC’s), por lo tanto, hoy tenemos frente a nosotros un nuevo desafío que nos genera ansiedad y temor, frente al cual -en ocasiones- hemos aprendido a porrazos.