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A más de alguna, mirando las agujas del reloj, le entra en el cuerpo una sensación de desespero por lo lento o rápido que pasa el tiempo, de hecho, creo que varias estarán de acuerdo que esto suele sentirse aún peor cuando observamos las hojas del calendario y de sopetón se nos aparece el mes de diciembre, sinónimo para algunas de angustias, irritabilidad, alteraciones del sueño... y otros síntomas que pueden manifestarse durante las fiestas de fin de año.

Para un número importante de personas es tiempo de reflexión. Nos encontramos con nostalgias por las lejanías y a veces con angustias por sentir que no se ha cumplido durante el año con las expectativas impuestas por nuestra sociedad consumidora y exitista. Todo esto puede terminar en un cuadro de depresión por cúmulo de estrés y aceleramiento físico y emocional.

Yo digo "¡basta de temores y quejas!"Nosotras las abuelas somos ese maravilloso eslabón que tiene el poder de unir a las familias, manteniendo vivas las tradiciones navideñas que nos enseñados nuestras abuelas, madres, suegras y tías. Las abuelas del siglo 21 somos portadoras del nexo que activa la felicidad de muchos hogares, donde estará presente el amor de Navidad, en comunión con los seres queridos.

Celebrar Navidad es vivir los valores asociados a esta fecha: generosidad, humildad, gratitud, paz, reconciliación, amor y esperanza. Se trata de una celebración que -por decreto de amor- debe ser de alegría y unión para todos, sin distinción de ningún tipo: equitativa y transversal.

Hablaremos ahora de la simbología presente en esta festividad, para ir entrando en ambiente: