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Sé impecable con tus palabras… también en la adultez mayor

¿Qué es la palabra? Es el poder, la fuerza con el cual podemos expresar nuestra creatividad, soñar, sentir y mostrar lo que realmente somos. Podemos hablar, comunicarnos, pensar y crear cómo queremos vivir la vida a través de la palabra.

Cuando me comunico ¿qué sentido le doy a mis palabras? ya que con ellas puedo herirte, lastimarte o bendecirte. Las palabras pueden ser una “espada de doble filo”, pueden crear un hermoso sueño o destruir lo que me rodea: llámese confianza, amistad, relación, etc.

La intención que le doy a las palabras tiene que ver cómo las uso: si las uso erróneamente, por la ley de acción y reacción recibiré una respuesta negativa, o sea, una palabra violenta, hiriente, tendrá un resultado violento. Por el contrario, cuando las uso positivamente, estoy creando belleza y amor y esto me libera del veneno emocional que hay dentro de mi, esto es “magia blanca”. Si siembro el miedo cosecharé miedo individual o colectivo, esto es “magia negra”. No olvidemos cómo Hitler manipuló al pueblo alemán sólo con el poder de su palabra, basada en creencias y acuerdos generados por el miedo.

En la práctica, si le digo a mi hijo(a)/nieto(a) “eres tan torpe, ¿cuándo vas a aprender?” o si yo misma(o) me digo “qué tonta(o) que soy” estaré reafirmando y reforzando estas pautas mentales que me esclavizan y las convierto en un hábito decretando todo lo que a menudo repito.

Las consecuencias las vemos con el tiempo: baja autoestima, baja autoeficacia, victimización, “no merezco ser feliz…” todo producto del miedo que hemos absorbido desde nuestra infancia, gracias a las creencias y acuerdos que la sociedad y nuestros padres nos han impuesto en nuestra formación. Fueron mensajes que quedaron grabados en nuestro subconsciente, por ejemplo, cuando nos dijeron “si te portas bien, te daré un premio” y/o “si te va mal en la escuela tendrás tu castigo” asimilamos el temor de no poder cumplir con las expectativas de nuestros padres, lo cual ahora, en nuestra edad adulta, se nos traduce en un temor por no cumplir las expectativas de nuestro entorno más cercano.

Observemos el cómo digo lo que sale de mi boca: ¿lo hago impulsivamente?, ¿sin pensarlo?, ¿sin ninguna empatía por la otra persona? o respetando que tengo enfrente un ser humano o un animal o un vegetal que merece una palabra limpia, sana que la engrandezca y anime a conseguir su desarrollo como ser viviente. Según la intención que tengamos con nuestras palabras obtendremos resultados positivos o nefastos.

Podemos revertir y mejorar notablemente según la sabiduría de los Toltecas consignada en el libro “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ruiz, el cual postula que el primer acuerdo es “ser impecable con tus palabras”. Este es el más difícil de lograr, pero a mi modo actual de pensar en la madurez y porque queremos un mundo mejor para las generaciones actuales y futuras, tenemos que optar por reconocer que los cambios actuales originados en el planeta nos están pidiendo a gritos cambiar el chip negativo que cae día a día sobre nuestra sociedad, no podemos esperar, es ahora, en este presente en que hay que asumir este cambio.

Si analizamos el significado de “impecable” nos damos cuenta que quiere decir “sin pecado” y un pecado es todo lo que sientas, creas o digas que vaya contra ti, por ejemplo: cuando te juzgas o te culpas, es el caso de decirte “que estúpida que soy, qué tonta, qué mala, etc.”. Entonces ser impecable con mis palabras es no utilizarlas contra uno misma(o) ni contra las(os) demás: si te insulto, me insultarás, si te agradezco, me agradecerás, o sea, todo lo que damos se nos devuelve de una u otra forma.

No esperes llegar a los 60 años para tomar consciencia de la necesidad de incorporar estos cambios a tu vida. Si las generaciones jóvenes comienzan ahora a hacer este trabajo, podrán disfrutar de sus frutos por muchísimos años considerando la longevidad que estamos alcanzando. Al menos, en mi práctica cotidiana, he visto con alegría cómo la juventud actual está manifestando real interés por trabajar en su crecimiento personal, vinculándose a diversas agrupaciones que la acoge empáticamente.

Finalmente pienso que, sigamos el camino que sigamos, todos son totalmente legítimos si apuntan al libre albedrío y responsabilidad de cada cual. Lo importante es que elijas ser feliz en pro de un mundo más coherente. 

*Este artículo se enmarca en el Proyecto Blogueros Mayores 2.0, financiado por Tena Chile. Conoce la marca aquí

Soy una bloguera mayor, mi profesión actual es mi propia evolución personal, amarme a mí misma y poder compartir con otros lo que estoy aprendiendo, gracias a mi inquietud de estar siempre en la búsqueda de conocimientos, teóricos y prácticos. Valoro y agradezco los diferentes ciclos de vida pasados ya que, gracias a ellos, estoy hoy viviendo la etapa más feliz de mi vida.

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