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Recordando la revolución tecnológica que vivimos en los 60′ y 70′

El otro día una querida amiga, Isabel Mora, me envió un vídeo tan sólo diciéndome “podrías escribir sobre este tema…”. En un principio no lo pensé, pero después, dándole una vuelta me di cuenta que había tanto para recordar… por lo que quiero invitarlos a que hagamos el ejercicio de volver a aquellos tiernos y lejanos tiempos, como los testigos privilegiados que somos de muchos avances tecnológicos. El salto más grande que ha dado la humanidad.

En la década de los 60′, cuando era chica, escuchábamos la radio y por supuesto, los radioteatros como “Esmeralda la hija del río”, “Espejito”, y al medio día a “Celedonio Menares” y los comentarios de actualidad y copuchas de “El Correo de las Brujas”, con Gustavo Lorca Valenzuela.

No puedo dejar de hablar de la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior (ONEMI) de esos tiempos, cada vez que temblaba y más aún para los terremotos, los periodistas iban corriendo donde Carlos Muñoz Ferrada, él siempre tenía la información completa del hecho. Había sido piloto mercante y había hecho estudios sobre las mareas, por lo que en esos tiempos hacía predicciones tipo Salfate. Era un señor muy reconocido, controvertido, pero respetado en ese tiempo.

Además recuerdo que cuando “terremoteaba”, sonaban las sirenas de los barcos que estaban en el puerto y desde las embarcaciones empezaban a moverse los reflectores iluminando el cielo, los cerros y el mar, eso le daba un carácter cinematográfico y terrorífico al evento.

Hablando de eventos naturales, en ese tiempo era un clásico ir a la Playa Amarilla (Valparaíso). Era el lugar donde todo el mundo se encontraba y se conocía y, por lo mismo, los veraneantes eran fácilmente reconocibles. Lastimosamente no eran infrecuentes los percances que implicaban el rescate de bañistas y sobre esto, algo muy especial, cuando las personas empezaban a estar en peligro el mar se ponía con un oleaje incesante y muy fuerte y cuando se terminaba el evento, fuese como fuese el resultado de rescate, el mar volvía a ser una taza de leche. Por eso “la gente de mar” dice que que “el mar es cosa viva” y yo puedo dar fe de ello.

Evoco el momento en que trajeron el televisor “Westinghouse” creo que así se escribía. Era grande (cuando digo grande, quiero decir que para mí era grande en esa época, porque luego me he encontrado con unas cosas que no eran tan grandes como yo las veía…jajaja) y tenía una mesa con ruedas y una rejilla inclinada para poner los diarios. Todos los primos y la familia venían a ver a la tele: “El gran chaparral”, “La casita en la pradera”, “Sombras tenebrosas”, “El lagarto juancho”, “Mister Magoo”… y más adelante, cuando pudimos ver el Canal 13 (en ese tiempo, el canal de la Pontificia Universidad Católica de Chile) era lo máximo. Podíamos ver 3 canales, el nacional, el canal 4 y ahora el de “la católica”, y veíamos “Almorzando en el 13”. Eran almuerzos diarios con diferentes periodistas como los Navazal, la Coneja Serrano (María Teresa Serrano) y muchos más que recuerdo de cara pero lamentablemente, no de nombre.

Y por supuesto “Don Francisco” con “Sábados gigantes” imperdible para mí. Yo salía, pero después que terminara el programa, no me lo podía perder. Ahí escuché por primera vez la palabra GLOBALIZACIÓN y me llamó mucho la atención, pero jamás dimensioné todo lo que comprendía y ahora entiendo cómo se abre la mente viajando y conociendo otras costumbres y lugares.

Un día llegó mi papá con la noticia que veríamos tele en colores a través de una mica verde, entonces ya no veíamos TV en blanco y negro, sino en un degradé verdes.

Hubo hitos memorables como la llegada del hombre a la luna. Estábamos todos despiertos escuchando y viendo, y el corazón nos dio un vuelco cuando el astronauta Neil Armstrong pisó y dijo “Este es un pequeño paso del hombre pero un gran salto para la humanidad”…¡le salió tan bonito!

La pelea de Godfrey Stevens por el título mundial de boxeo… El 8 de febrero de 1970 a las 9 de la mañana hora de Chile, a la edad de 31 años, peleó en un combate que transmitió en directo Televisión Nacional de Chile. El país se volcó a los pocos televisores que existían en aquel tiempo, para presenciar la lamentable derrota del campeón chileno por decisión unánime de los jueces, tras quince briosos asaltos.

Todo esto tenía una complejidad, se caía la señal y alguien valiente, ágil y con fuerza se subía al techo para girar la antena (hubo muchos accidentes en ese tiempo por ese motivo) mientras desde adentro gritábamos, “¡un poco más!, ¡dale más!, ¡devuélvete un poquito!, ¡otro poco!” y así hasta que volvía la señal y se iban las pulgas y el chicharreo, súmenle a eso que no teníamos control remoto o sea había que pararse a cambiarla de canal, menos mal que no había tanto de donde elegir… Al principio 2 canales y mucho más tarde 3, pero manejar el volumen o el apagado por lo general le tocaba al más chico de la casa, porque en ese tiempo se mandaba a los niños y nosotros obedecíamos, o se nos daba una mirada o revoltura de ojos y eso era grave y entendíamos “al tiro” . Se suscitaba un pequeño detalle, las perillas no estaban hechas para durar tanto tiempo, por lo que no era extraño que el alicate “viviera” arriba del televisor.

En mi casa había un teléfono de dos dígitos y se le daba cuerda con una palanca para llamar a una operadora que decía… “¿número?”, se decía que escuchaban lo que uno hablaba, no me consta, pero en verdad tooodo se sabía. A mi casa llegaban todos los vecinos a llamar y por lo tanto nos encargábamos también de entregar los recados e incluso ir corriendo a buscarlos cuando llegaba una llamada.

Bueno, este relato fue una muestra de la revolución tecnológica que nos tocó vivir en nuestra juventud. Casi tan impactante y trasformadora de nuestra vida cotidiana como lo fue la llegada de Internet en la vida cotidiana de los niños y niñas millennials. Con esto quiero probar que nosotros también hemos sido tes