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“Porque es más fácil hablar con mamá”: analizando el vínculo emocional del padre ‘baby boomer’ con sus hijos/as

Hola, somos las Blogueras Mayores Nancy Díaz y Lely Montenegro. Hoy queremos compartir con ustedes nuestra visión y experiencia de vida en relación al “apego” y en particular al vínculo emocional que se genera entre los padres y los/as hijos/as. 

Para contextualizar usaremos la definición de apego propuesta por la psicóloga chilena Andrea Cardemil Ricke, quien postula que: “la relación de apego se construye generalmente a través de la regularización de los procesos fisiológicos (como el hambre, el sueño y la temperatura) y la satisfacción de las necesidades afectivas (como el contacto corporal, el contacto visual, la sonrisa, etc.).”

Desde nuestras vivencias como madres y con la perspectiva del tiempo transcurrido, les iremos relatando nuestras experiencias separadamente, porque si bien fuimos madres el mismo año (1985), el contexto de nuestras vivencias presentó diferencias significativas asociadas al entorno cultural y familiar en el que se desarrollaron. 


NANCY

 

Soy mamá de una bebé que ya tiene 33 años y que hoy también es mamá de un bello bebé.

Durante mi embarazo, mi marido siempre me acompañó en todos los controles del médicos. En esa época, año 1985, no existían los exámenes de 3D. Luego, también estuvo muy presente en los controles de nuestra hija.

Debido a que nos encontrábamos en otro país (Brasil), no contábamos con nuestras redes de apoyo. Sin familiares, los dos. Al nacer nuestra hija, su papá ya sabía su sexo, yo nunca lo quise saber pues sentía que era más interesante que fuera una sorpresa. Llegué a la clínica con el bebé casi naciendo. Yo iba mentalmente preparada par una cesárea, pero, a pesar de ser una “primigesta añosa”, felizmente tuve un parto normal.

Pienso que la vida nos da siempre bellas y gratas sorpresas. El día en que ya tocaba salir de la maternidad, mi marido llegó con tres pares de aros para nuestra bebé, cosa que le fue prohibida por los médicos, puesto que en Brasil los bebes primero deberían recibir las vacunas pertinentes.

Reflexionando, creo que los comportamientos de mi marido distaron mucho de lo que solían hacer los padres de la época, ya que él siempreestuvo muy preocupado de los remedios, horarios y dosis. Por ejemplo, dado mis actividades de docencia, yo debía trabajar los días sábados, entonces esos días que yo estaba fuera de casa él le preparaba sus “papas”, la bañaba y temprano en la mañana la llevaba a la playa, algo muy común en el estilo de vida “carioca”.
Siempre preocupado y pendiente de su alimentación y otros, como por ejemplo, de su pié plano, haciéndola caminar descalza en la arena mojada.También participó activamente en la búsqueda y elección de la mejor “sala cuna”, lugar en Brasil denominado “creches”.
Posteriormente, cuando tuve la oportunidad de reintegrarme a mi trabajo en un colegio, tuve la oportunidad de ir a trabajar con mi hija, lo cual fue francamente, genial.


LELY

 

Soy madre de dos hijas a las que amo, y ellas son los mejores regalos que la vida me dio. Desde mi vivencia, siento que el vínculo madre – hijo/a se genera desde el primer momento en que sabes y sientes el latido de otro ser dentro de ti, es indescriptible la emoción que se siente.

A partir de ese momento, hay un antes y un después en mi vida, ya no soy solo yo, sino que también está esta prolongación de mi ser, al que necesito cuidar. Inmediatamente soy consciente de que mi actuar incidirá directamente en el bebé y creo que es precisamente en esta etapa, donde se produce una gran diferencia entre los vínculos que establecen los padres y las madres para con sus hijos/as.

Durante mis embarazos recibí un significativo apoyo por parte de mi marido, sin embargo a él le costaba interactuar con la bebé, notorio en acciones tan simples como hablar a través del vientre. Ahora pienso que el sentir a la bebé moverse, era una sensación y emoción que él no sabía decodificar.

En los controles médicos manifestamos nuestro deseo de saber el sexo de nuestra bebé, como también escoger su nombre y de esta manera imaginarnos cómo sería. En el primer parto obviamente él estaba con cierto temor, me decía “tengo miedo de desmayarme y complicar al equipo médico en el parto”. En los años 80′ no era usual que los padres entraran a la sala de parto, sin embargo, no obstante sus aprensiones, mi marido me acompañó en ambos partos y compartir esos momentos fue una maravillosa experiencia que nos quedará como el recuerdo más bello de nuestras vidas.

Durante la etapa de lactancia, las hijas no solo demandaban el pecho por la leche, sino también por la aproximación física, lo cual me generó estrés, más de alguna vez. 

El papá empezó a tener una vinculación más cercana con las niñas luego de que empezaron a caminar, participando desde ese momento activamente en sus rutinas diarias cuando estábamos solos, generalmente los fines de semana.

Es necesario señalar que en la etapa de escolaridad de nuestras hijas la preocupación por su rendimiento escolar y comportamiento, seguía siendo labor mía como madre, porque los roles en nuestra época eran muy rígidos y esto era lo normal. No se cuestionaba, todo la etapa de crecimiento y desarrollo estuvo caracterizado por el acompañamiento principal de la madre.

Estas son experiencia de vida que probablemente se repiten entre muchas madres y mujeres de nuestra generación. 


Si bien es cierto, el apego de padres e hijos se va construyendo y aprendiendo con el tiempo y la convivencia, podemos identificar algunas diferencias a la hora de observar el lazo emocional que establece la madre con su hijo/a durante la etapa del embarazo, relación que sigue a estas mujeres por el resto de sus vidas.

En el fondo esto es así porque sentimos que nuestros/as hijos/as son una parte nuestra. No cortamos el “cordón umbilical” y lo mantenemos durante mucho tiempo en nuestro inconsciente, de hecho, podríamos aseverar que este se activa mucho más fuertemente, cuando sentimos que nuestros/as hijos/as están amenazados por cualquier tipo de peligro. 
El padre va desarrollando el vínculo emocional con su hijo/a durante los primeros meses de vida, paulatinamente con la convivencia, y suele ocurrir que el vínculo se interrumpe cuando se presenta la separación de la pareja y el padre no consigue la custodia de sus hijo/as. Estamos hablando de generalidades, ya que el lazo emotivo de padres e hijos/as se desarrolla en el día a día, pero en algunos casos, cuando el padre construye una nueva familia es más notorio el desapego con sus hijos/as, salvo grandes excepciones en las que se logra establecer una muy buena funcionalidad y apoyo emocional de las familias ensambladas.

Las diferencias también se establecen desde la generación nuestra, ya que las mujeres recibimos una crianza que nos habilitaba a manifestar más emociones, mientras que a los hombres recibieron una en la que no les era permitido. En este sentido nos resuena la canción de Miguel Bosé que dice “los chicos no lloran, tienen que pelear”. Tenían que ser fuertes, entonces su emocionalidad era acallada. Era muy raro ver que un padre saludara a un hijo de beso, la máxima expresión de cariño hacia ellos era un apretón de manos o un abrazo bastante tibio. Entonces, los padres de nuestra generación, en la eventualidad de una enfermedad o peligro de sus hijos/as, reaccionaban más comúnmente con enojo y frustración con la vida.

Viendo la televisión hace unos días, mientras se informaba acerca de la enfermedad grave de un/a hijo/a, el periodista Rafael Cavada quiso explicar la reacción de los padres y muy honestamente dijo que él también se siente superado con solo pensar que su hijo estuviera atravesando una enfermedad grave: “las madres están preparadas para acompañar, los padres para resolver”.

Las madres reaccionamos por un impulso reflejo de proteger a nuestro/a cachorro/a sin importar la edad que tenga. Nos hacemos fuertes por ellos/as y derribamos todos nuestros límites y miedos.
Nuestras hijas sí están cambiando los paradigmas. Vemos a padres cada más participativos en la crianza de sus hijos/as y que esta generación de hombres se comunica bastante mejor que su predecesores, desde sus emociones. Pero, si bien sentimos que esta generación va avanzando rápido y por muy buen camino, somos conscientes que aún falta mucho por recorrer, e irán aprendiendo en el andar… Bueno, y a eso vinimos a esta vida, a aprender a ser mejores seres humanos, y durante todo este maravilloso camino llamado “vida”, cada paso es un aprendizaje, solo debemos estar despiertas y atentas.

Nuestras experiencias como madres “baby boomers” nos indican que, a pesar que nuestras vivencias como hayan sido diferentes en varios aspectos por los contextos culturales que estuvieron de “telón de fondo”, reconocemos que los papás “baby bommers” trataron a sus bebés de forma diferente a través de juegos, debido a su estructura física, que le es propia.

Los padres de nuestros/as hijos/as, o sea los de nuestra generación, presentaron comportamientos un tanto ausentes o con poca participación en el primer año de vida de nuestros bebés, no porque no lo desearan, sino debido a que en la época imperaba la falta de aprendizaje en la materia y/o por patrones de comportamiento que imitaban lo que ellos recibieron de sus progenitores. En definitiva, cuando fuimos madres, la crianza de los hijos en edad temprana siempre estuvo vinculada a los roles que debía desempeñar la mujer y que creía que era algo inherente al género femenino.
El tema queda abierto para que podamos interactuar y seguir reflexionando entre nosotras, la generación “baby boomer” ¿Cuál fue tú experiencias como madre “baby boomer”, con el padre “baby boomer”? ¿Coincides en que el apego emocional del padre con el bebé se desarrolla paulatinamente? Cuéntanos en comentarios. 

Cariñosamente.

Lely Monenegro

Nancy Díaz

 

*Este artículo es parte del Proyecto “Envejecer como mujer: reflexiones de blogueras mayores” financiado por el Ministerio Secretaría General de Gobierno a través del Fondo de Fomento de Medios de Comunicación Social 2018.

  

Mujer, madre, hija, hermana, amiga…Intento cada día ser una mejor versión de mí. Seguidora de la espiritualidad, crecimiento personal, me gusta meditar, leer, aprender y ayudar a quienes lo necesiten. Como bloguera, a través de los artículos que escribo, quiero transmitir lo que he aprendido en este camino llamado “vida” y, desde allí colaborar con un granito de arena para que tengamos todos una vida más plena. Ser blogger me ayuda a cumplir mi misión de vida.

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