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Nosotras (también) queremos amar nuestros cuerpos envejecidos

Los y las lectores de Pensar Sin Edad quizás no estén familiarizados con los conceptos body shame” y “body positivity”. Yo podría resumirles que ambos son movimientos que perciben y actúan sobre el cuerpo de las personas, desde veredas totalmente contrapuestas, pero teniendo como principal tribuna y amplificador de mensajes, las redes sociales. 

¿Cómo se cruzan estos movimiento con los envejecimientos que vivimos las mujeres hoy? Sigue leyendo…

El culto a la juventud secuestró por muchos años la concepción de belleza y de belleza femenina, en particular. Por más de 50 años los medios de comunicación nos han bombardeado mediante la publicidad con imágenes que reclaman pleitesía a un estándar de belleza rígidamente normado, el cual sólo pueden alcanzar -a duras penas- algunas mujeres jóvenes, quienes además ven afectada -de por vida- su salud mental dada la insoportable frustración que causa en algunas no poder cumplir con los siguientes cánones: pelo brillante y de aspecto “saludable”, delgadez sin flacidez, cara fresca, tersa y perfectamente maquillada todos los días, piel tersa sin imperfecciones de ningún tipo, etc., etc.

Así y todo, los cuerpos que se alejen del estándar y de un aspecto joven, son considerados como ejemplos vergonzosos (shame); y este juicio de valor es real para todas las personas, tanto para el entorno en general, como para la persona que posee ese cuerpo que se sale de la norma.

En los últimos años, gracias a la popularidad de las redes sociales y su indudable capacidad comunicacional, comenzó a cuestionarse la normatividad en muchas materias, incluida la normatividad en la belleza; así como el hecho de que todas las mujeres recibiéramos incesantemente presiones para llevar nuestros cuerpos a adaptarse a algo que en el fondo de nuestros corazones no deseábamos. Body positivity (positividad corporal) habla de amar el propio cuerpo y amarnos a nosotras mismas, abandonando la normatividad y abrazando la heterogeneidad.

Si bien el desarrollo de esta nueva tendencia que reivindica “todas las bellezas” ha ido principalmente de la mano de un cuestionamiento a la extrema delgadez, esta tendencia incluye abrazar los cambios corporales propios del envejecimiento humano, y en particular, los cambios que vivenciamos las mujeres que envejecemos. 

Reivindicación de las canas

Uno de los signos de envejecimiento que más nos habíamos empeñado en ocultar para no salirnos del canon de belleza que nos habían impuesto, es la pérdida de pigmentación en el cabello por disminución de melanina, más conocida como canicie. El estudio más cercano que podemos citar, realizado por L’Oréal Professionnel señalaba en 2015 que 9 de cada 10 españolas se teñía el pelo y que el 71% de ellas lo hacía con el objetivo es cubrir las canas, generalmente a partir de los 35 años.

La adultez mayor por muchos años estuvo innegablemente asociada a una serie de pérdidas dolorosamente inevitables: pérdida del interés sexual, pérdida del protagonismo social y un largo etcétera que redunda en una pérdida de valor en general. Así, y considerando además que la discriminación y exclusión suele actuar mucho más cruelmente con las mujeres, no es de extrañar que por muchos años la vejez y los signos de la misma (como las canas) fueran temidos y ocultados por las mujeres envejecientes, intentando emular una especie de “eterna juventud” que no existe.

Las mujeres mayores que están conquistando Instagram

Hoy, tanto jóvenes como mayores experimentamos nuestras vidas,  en  contextos  sociales,  culturales y tecnológicos, cualitativamente diferentes a los que vivieron personas que no conocieron esta revolución de las comunicaciones, que ha supuesto la democratización de las vías de comunicación con la irrupción de las redes sociales. Cada uno de nosotros puede ser su propio medio de comunicación social, y para muchas, Instagram permite reivindicar la propia identidad redefinida en la madurescencia, a través de fotografías y mensajes.

¿La madure… qué?

La madurescencia, así como a las adolescencia, es un momento del ciclo vital en el que se suscitan una serie de crisis y cambios que llevan a la persona madura a redefinirse y redefinir su vida, en vistas de que –considerando la amplia esperanza de vida chilena y de muchas partes del mundo- se tiene por delante al menos 20 años de vida después de la edad jubilatoria, los cuales quieren ser vividos con buena salud general (física y mental) y felicidad.

Para finalizar este artículo les traigo algunas cuentas de Instagram que me han parecido dignas de difundir, con mujeres que intentan poner en valor, la belleza de sus años: 


In_the_fifties, una cuenta española en cuyo perfil reclama que “La vida comienza a los 50, el resto es sólo práctica”.

En esta fotografía, hispta_granny nos dice “¡Y ya comencé la temporada de playa! ☀️👙🌊 ¿Ya has estado tomando el sol? ¿Quién va a ir este verano?”.

Embellish_or_perish nos dice: “¡Actúa según tu edad! ¿Qué significa eso? 💋💋Por favor, desvía la mirada si te ofendes con este gesto, pero resume mis sentimientos sobre el tema”.

Finalmente, la instagramer alternativeageing nos dice en su perfil dice: “Conoce el envejecimiento positivo de ‘envejecimiento alternativo’ conmigo, Suzi Grant🍾Top consejos para verse bien y sentirse bien, cualquiera que sea su edad🕶”.

Socióloga y Master en Gerontología más conocida en redes sociales como Javiera La Viejóloga. Fundadora y directora de Pensar Sin Edad, influencer en envejecimiento, activista a favor de los derechos de las personas mayores y el derecho de todos a envejecer con calidad de vida.

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