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Jubilado del trabajo, pero no de la vida

De repente, en ese almuerzo de domingo en el que celebrábamos mi cumpleaños, mi más querido hijo me abraza y con sus más grandes y cálidos ojos me mira y me dice:esta bien, retírate de tu trabajo y haz tu vida”. Lo dijo con la mejor de las intenciones, más que mal yo ya había cumplido con los años reglamentarios para jubilarme.

Casi caí. Como si antes de los 68 no hubiera hecho mi vida ya …

Umm, ¡pero si es la misma vida!, ¡no es otra! Es la otra etapa, no es cruzar el río para llegar a otra rivera. Si debo cruzar el río, que será por el bello puente de las experiencias, del amor, de la bondad, del afecto, de la honestidad.

Se me cayó la teja. Este es el más interesante camino al reencuentro con las primaveras. No es el miedo de no leer la letra chica, de caminar lento, de levantar la voz para hacerme escuchar. Cuando alguien en la micro te da el asiento es la belleza de decir “gracias”. Es tiempo de entender que es natural, que se gasta el cuerpo, “¿y qué tanto usar pañales?” Ya es hora de  sacar  de  nuestra cultura social, el prejuicio hacia las  personas de mayor edad.

Estamos rodeados de lenguaje en los medios de comunicación y actitudes en la sociedad que empujan a tener una visión distinta de lo que somos en realidad. Esta edad es como una nueva oportunidad, para saber en qué eres bueno, proyectar tus emociones y tus energías, lo que te llena.

Es tiempo de iniciar la lucha por ser reconocidos. No somos  una carga inútil, no somos un gasto, somos personas  que vivimos una etapa propia del ciclo de la vida. Es la misma vida, es la larga vida que se desarrolla en esta humanidad que avanza en un continuo progreso del que somos parte nosotros.

¡Ya! a  cambiar ese sentimiento de vergüenza por el envejecimiento, este sentido está cambiando. Ya no es triste ser viejo, somos la bella “gente grande” que adorna, ilumina las vidas de los nietos y tienen un aporte importante en la sociedad.

No es el ocaso de nuestras vidas, es el amanecer de otra etapa, no es el otoño que nos lleva al invierno, es la primavera que nos acompaña con sus flores, sus perfumes, su optimismo. Es el mixto sendero, ahora calmo, lleno de nueva energía.

Por que siempre existe alguien que toma las palabras para decir bellamente lo torpemente he querido expresar. A continuación les comparto un poema del mexicano Víctor Manuel Otero que ilustra muy bien los que he querido expresarles en estas lineas:


TERCERA EDAD

Victor Manuel Otero

¿Pero es que acaso hay una Tercera Edad?
¿No todos los días, cuando amanece,
la vida vuelve a comenzar?
¿No todos los días también florece,
allá en los jardines, el rosal?
El final del camino es el principio
si lo miras hacia atrás…
Tu alma es eterna, poderosa.
Es la imagen de Dios que te ha formado.
Hazla cada día más luminosa
sin que te importe el tiempo que ha pasado.
Tú puedes a tu noche volver día.
De lo que son abismos, formar cumbres.
Convertir en ventura tu agonía.
De lo que son cenizas, hacer lumbre.
Tú puedes hacer de cada instante
el momento más grato de tu vida.
A un trozo de cristal volver diamante,
porque todo es según como se mira.
Es por eso que digo que no hay una Tercera Edad.
Cada día de tu vida es el principio
y no el final.


 

*Este artículo se enmarca en el Proyecto Blogueros Mayores 2.0, financiado por Tena Chile. Conoce la marca aquí

Me presento. Soy el que soy, un encantado de lo vivido y un ansioso de seguir descubriendo esta nueva etapa. Me encanta descubrir cosas nuevas, busco siempre asombrarme con todo frente a mi vida, alegrarme por lo bueno que les pasa a las personas, alegrarme por la naturaleza, porfiado en descubrir nuevas formas comunicarnos. Mi secreto intimo es leer y escribir a escondida en un blog. Les recomiendo leer alguna vez a Benedetti (no te rindas). Acepto desafíos con agrado y me empeño en entender que este planeta es la casa de todos y nosotros, los habitantes, somos uno. “Si el corazón se cansa de ver, ¿para qué sirve?” Mario Benedetti.

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