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El hermoso vínculo que nos une a nuestras mascotas

Quiero compartir con ustedes una historia de mi familia y esta es la primera parte.
Les quiero presentar a un miembro de mi familia que llegó en un momento especial. Se llama Canela y es de raza indefinida, nosotros decimos que es de raza conconina y tiene muchos parientes callejeros porque se parecen mucho a ella, lo cual nos hace suponer que serán hermanos o primos.

 

La llegada a nuestras vidas

 

Como les contaba tiene un pasado callejero y fue rescatada por una sobrina veterinaria, Soledad Carolina Álvarez, que tiene un amor infinito por todos los animales y recoge a todos los abandonados, hambrientos, atropellados como era este caso.

Ella nació en la calle y la atropellaron, quebrándole una pata y dejándole otros machucones varios que la hicieron generar mucho miedo a todo. Así se encontró en calidad de refugiada en la Veterinaria Petit.

Yo le había contado a Sole que quería adoptar y así llegué a verlos, eran 3, pero como sucede con el amor, la miré y puso ojos de “cordera degollada” y me conquistó.

 

Con su dulzura enamoró a toda la familia

 

No fue fácil convencer a mi marido de la “visita permanente” de la Canela, porque dijo “claro otro gasto más y después me tengo que hacer cargo yo”. ¿Les cuento? ¡Él es adivino!, porque así fue, además la Canela lo conquistó.

Ella le avisa cuando se le ha acabado la comida y le hace un show de alegría cuando lo ve y así sostienen conversaciones en un lenguaje que ellos entienden.

Yo los escucho muchas veces, cuando él le dice…“viste, la mamá no te infló, no te trajo comida, no se preocupa por ti…”, ¡O sea, me pela con la Canela!, pero mejor me hago la lesa, porque es cierto. Yo no quiero interrumpir esa bella relación para que no recuerde su odio por los canes.

 

Anécdotas perrunas 

 

Una vez llegamos de noche al aeropuerto de Santiago y al pasar por el Servicio Agrícola Ganadero (SAG), un perro empezó a seguirme.

Mi maridito se enfureció y reaccionó indignado contra el agente policial perruno y lo peor fue que reaccionó contra mí cuando supo que lo que el perro quería era el sandwich que yo había guardado para más tarde…jajaja.

 

Luego se viene una segunda parte de este relato, donde me adentraré en el desconocido mundo del síndrome del nido vacío.

 

*Este artículo fue financiado por el Ministerio Secretaría General de Gobierno a través del Fondo de Fomento de los Medios de Comunicación Social 2018.

 

Dicen que cuando era chica recitaba en los actos del colegio. Siempre hice mucha actividad social y cursos de todo tipo: desde el cuidado vocal hasta baile entretenido, salsa, hidrogimnasia, modelaje, etc., etc. Actualmente sigo igual; me encanta aprender, cuidar de mi nieta, pero por sobre todo me gusta estar donde quiero estar y disfrutar mucho de todo mi quehacer, viviendo los mejores años de mi vida. Me declaro feliz y agradecida.

Comentarios (1)

  • Mario Eduardo Ibacache Nuñez

    Que bonita narración mi amor. Pero yo no odio a los perros, solo me gustan fuera de la casa, y afortunadamente la Canela, tiene buen patio donde correr y bailar con los nietos tomaditos de sus manos. Felicitaciones a mi querida Bloguera.

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