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A más de alguna, mirando las agujas del reloj, le entra en el cuerpo una sensación de desespero por lo lento o rápido que pasa el tiempo, de hecho, creo que varias estarán de acuerdo que esto suele sentirse aún peor cuando observamos las hojas del calendario y de sopetón se nos aparece el mes de diciembre, sinónimo para algunas de angustias, irritabilidad, alteraciones del sueño... y otros síntomas que pueden manifestarse durante las fiestas de fin de año.

Para un número importante de personas es tiempo de reflexión. Nos encontramos con nostalgias por las lejanías y a veces con angustias por sentir que no se ha cumplido durante el año con las expectativas impuestas por nuestra sociedad consumidora y exitista. Todo esto puede terminar en un cuadro de depresión por cúmulo de estrés y aceleramiento físico y emocional.

Yo digo "¡basta de temores y quejas!"Nosotras las abuelas somos ese maravilloso eslabón que tiene el poder de unir a las familias, manteniendo vivas las tradiciones navideñas que nos enseñados nuestras abuelas, madres, suegras y tías. Las abuelas del siglo 21 somos portadoras del nexo que activa la felicidad de muchos hogares, donde estará presente el amor de Navidad, en comunión con los seres queridos.

Celebrar Navidad es vivir los valores asociados a esta fecha: generosidad, humildad, gratitud, paz, reconciliación, amor y esperanza. Se trata de una celebración que -por decreto de amor- debe ser de alegría y unión para todos, sin distinción de ningún tipo: equitativa y transversal.

Hablaremos ahora de la simbología presente en esta festividad, para ir entrando en ambiente: 

Como nietas, recibieron amor incondicional y trascendentales valores desde sus abuelos; y como abuelas, intentan hacer lo mismo con sus nietos, evitando que las exigencias de esta nueva sociedad las conviertan en una "abuela esclava". Conoce la bella historia de

¿Qué es la palabra? Es el poder, la fuerza con el cual podemos expresar nuestra creatividad, soñar, sentir y mostrar lo que realmente somos. Podemos hablar, comunicarnos, pensar y crear cómo queremos vivir la vida a través de la palabra.

Cuando me comunico ¿qué sentido le doy a mis palabras? ya que con ellas puedo herirte, lastimarte o bendecirte. Las palabras pueden ser una "espada de doble filo", pueden crear un hermoso sueño o destruir lo que me rodea: llámese confianza, amistad, relación, etc.

Desde hace un tiempo estoy preocupada del abismo que hay entre las personas mayores y los jóvenes de este siglo XXI, situación que me afecta personalmente ya que yo misma me había negado a tomar conciencia que la sociedad en la que vivo se desarrolla en la actual era digital. Esto me sitúa dentro de un grupo de personas que se encuentran marginadas de los canales de comunicación más utilizados por las generaciones más jóvenes, al margen de la comunicación socialmente acreditada.

¿Estábamos preparados para esto? ¡No!! Hace menos de 2 décadas nada de esto existía, había otros códigos de comunicación y la educación recibida por nosotros no incluía a las Tecnologías de la Comunicación y la Información (TIC’s), por lo tanto, hoy tenemos frente a nosotros un nuevo desafío que nos genera ansiedad y temor, frente al cual -en ocasiones- hemos aprendido a porrazos.